Segregación en un centro acuático

centro acuatico

Me gusta mucho la natación. Aprendí a nadar cuando cursaba la universidad, al principio fue muy difícil, me tomo tiempo aprender y unos cuantos sustos al hundirme y tragar bocanadas de agua en la alberca, por suerte siempre había instructores que acudían en mi ayuda.

Sin embargo, también viví ciertas situaciones algo incómodas o negativas. Como ya he comentado, me asignaron niña al nacer, nunca he tenido problemas con esa asignación, y tampoco tengo problemas si la gente se refiere a mi como hombre ni si se refiere a mi como mujer, pero socialmente si he vivido algunos conflictos por los prejuicios de otros sobre mí apariencia, ya que mi cuerpo por naturaleza tiene una apariencia andrógina y nací con características sexuales intersexuales, en mí caso, de manera natural, cuento con niveles de testosterona considerados altos para una mujer, por lo tanto, no desarrollé pechos ni cadera, tengo hombros anchos, bastante vello corporal y me crece barba.

Aprendí a nadar con un instructor que sabía nadar muy bien, sin embargo, algunas veces me sentía incomoda, ya que me miraba constantemente y en su mirada percibía algo de curiosidad o morbo, incluso supe que llegó a comentar cosas negativas respecto a mi cuerpo. Aunque siento que esta situación y comentarios no me afectaron ni me importaron mucho, simplemente me enfoque en las instrucciones y en seguirlas adecuadamente.

En varias ocasiones he vivido discriminación al asistir a clases de natación o al ir a nadar. La natación es una de las actividades donde el cuerpo y sus peculiaridades están más expuestas, y, por tanto, las personas como yo somos vulnerables a discriminación y comentarios de personas prejuiciosas. Pero eso no me ha quitado la pasión que siento por la natación. Es un deporte que disfruto mucho y que me ha ayudado mucho, tanto física como mentalmente.

Cuando he pasado por situaciones de discriminación, intento verlas como una oportunidad para practicar la paciencia, y siento que cada vez más desarrollo más resiliencia.

La última vez que pase una situación de discriminación en una alberca, fue muy particular y, al final, salió algo muy positivo de esto. A continuación, les contare como sucedió todo:

Llegando a mi clase de natación, siempre mostraba mi credencial.

 Al llegar a mi clase mostré mi identificación como de costumbre, no estaba la persona de siempre, y quien estaba en su lugar me pidió que le acompañara, dijo que necesitaban hablar conmigo unos minutos, pero inmediatamente presentí que algo andaba mal. La seguí y me llevo con otra persona – de la cual no pregunte su nombre ni cargo.

Esta persona dijo: “Un usuario me ha pasado una queja, dice que un hombre estaba en los baños y regaderas de mujeres. Por las características y los horarios que esta señora nos informó, supimos que se refería a ti. Nosotros ya checamos tu acta de nacimiento y demás documentos, y sabemos que eres mujer. Desgraciadamente estamos en una ciudad pequeña, y las personas son de mentes muy cerradas. Te vamos a asignar regaderas y baños ´unisex´ para cuidar tu integridad”.

Les contesté que me parecía bien. No me enoje. Solo estuve de acuerdo con la “solución”.

Una guardia abrió los baños exclusivamente para mí y espero que saliera de bañarme.

Me segregaron para “comodidad” de las demás personas, ya que, al enviarme a los baños y regaderas unisex, están haciendo invisibles a los cuerpos diversos como el mío. Y no hicieron nada por cambiar la mentalidad de los usuarios que acuden al centro acuático, le dieron la razón a la señora que se quejó, y a mí simplemente me sacaron de su vista, me segregaron.

Pienso que la segregación de las personas con cuerpos que varían del promedio, no es una opción, crea más estigma y discriminación, la solución es que se tomen medidas para informar a la población, medidas para evitar efectivamente la discriminación combatiendo la ignorancia, porque actualmente muchas personas piensan que la segregación es la “mejor” opción para evitar que personas como yo seamos agredidas, tanto verbal como físicamente, pero pienso que segregar a las personas podría provocar aún más discriminación.

Lo que yo hice ante esta situación que viví, fue buscar apoyo en instituciones de gobierno como CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) y en organizaciones como Brújula Intersexual, quienes me apoyaron y se logró organizar un taller sobre discriminación dirigido al personal de la institución deportiva.

Creo que lo mejor es no quedarnos callados, hablar sobre las experiencias que vivimos, denunciar ante los organismos competentes, buscar apoyo en personas, instituciones u organizaciones que nos puedan orientar, e intentar que situaciones así no se repitan con otras personas para que no abandonen las actividades que les gusta hacer. Nadie merece vivir aislado o segregado, contribuyamos para construir un mundo donde haya lugar para todas las personas.

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