Nowaki y el comprador: Experiencias Intersex

Experiencia de Nowaki, redactada por Touya Ruren

¿Alguna vez han conocido a una persona que no tuvo una buena primera impresión de ti? Esto me ha pasado muchas veces, pero en esta ocasión sucedió algo muy inesperado, y que ahora mismo les voy a contar.

Primero les comento: Soy una persona que nació con un cuerpo intersexual, me asignaron mujer al nacer, pero desarrollé algunas características consideradas masculinas como más vello corporal y particularmente barba, vivo en el puerto Petrolero del Estado de Michoacán, en realidad es en un pueblo cercano al puerto, donde la información es escasa y a veces mal empleada.

Hace un tiempo, mi familia decidió poner una tienda de abarrotes y me dejó a cargo. Yo era quien se encargaba de surtir la mercancía, atender a los clientes, llevar a domicilio algunos pedidos con la ayuda de una motocicleta Italika negra prestada por mi hermana, y lo más importante: Cuidar que nadie se robara la mercancía. Solía abrir alrededor de las 7 de la mañana y cerrar a las 11 de la noche, justo para atender los pedidos de cerveza que los jornaleros y señores del pueblo llegaban a pedir. La mayoría de mis clientes eran amas de casa, muy abundantes en esta región tropical, niños bastante traviesos, dispuestos a llevarse cualquier golosina que quisieran cuando yo no estuviera cerca para vigilar.

Entonces, un día cualquiera, uno de esos en los que el calor pregonaba en todo el lugar, me encontraba limpiando los productos que había terminado de surtir (en estos lugares se surten a través de los carros repartidores y es necesario que acomodes la mercancía cargándola, en este tipo de trabajos, mi fuerza era de mucha ayuda). A pesar del trabajo, me puse a pasar el rato viendo Facebook, donde me comunico con mis amigos que viven en otros estados de México, además de ser la única red social que uso.

Hubo varios clientes ese día – los niños pidiendo dulces, las mamás apuradas, jóvenes queriendo comprar cerveza y cigarros – pero hubo uno en particular, que fue el causante de mi relato en esta página de Intersex y Andrógino. A este cliente, lo recuerdo muy bien: Tendría entre 20 y 30 años, complexión robusta (no es de extrañarse, vivimos en México y en un pueblo pesquero), no muy alto, quizá de 1.60 metros, tez morena, cabello negro y ojos cafés. Tomó varios productos de los estantes (despensa básica del mexicano), los colocó en el mostrador donde yo me encontraba. Sacó el dinero de su bolsillo y me observaba con intriga, se tomó un momento para darme el dinero, a lo que yo no le di importancia debido a que no era la primera vez que me pasa algo así – muchas personas me observan con intriga -, en ese momento, yo sólo esperaba a que me pagara para darle su cambio, y al momento de hacerlo, mientras acomodaba la mercancía en la bolsa del cliente, él me preguntó con voz entrecortada:

—Oye, ¿puedo hacer una pregunta? — Se rascó la cabeza al decirme esto. Pensé que era algo referente a algún otro producto, o promoción que hubiera, y respondí – Sí, claro.

— ¿Qué eres? — Preguntó firme.

Me mantuve quieta y respondí lo más tranquila posible.

— ¿A qué te refieres?, ¿Acaso soy un bicho raro o un extraterrestre para que me preguntes algo así? — .

— Sí… es que no sé si eres un chico o una chica— dijo mientras ponía una sonrisa nerviosa.

— ¿Importa? Se llevará los productos, no a mí— Respondí algo divertida.

— Es que, con todo respeto, tu voz es de mujer, pero tu apariencia es de un chico—

Sinceramente no quise responder groseramente, él seguía esperando una respuesta y me parecía algo absurdo responder eso a alguien extraño, pero no dudé más tiempo para terminar con aquella extraña conversación.

— Pues según mis documentos, dicen que soy mujer— dije.

— Pero te sale barba… ¿O te inyectas? — el cliente insistió.

“¿En serio?”, pensé, trataba de no reírme, a él también le salía barba y dudo que se ponga algo, o tal vez sí, y estoy cayendo en el error de juzgar a alguien, aunque para ser sinceros, a estas alturas se piensa en muchas cosas, después de todo, esas preguntas fueron muy tontas. Sin embargo, respondí aún sin perder la calma.

— Yo no me pongo nada, es natural— finalmente respondí de manera tranquila.

— ¡Vaya, tienes más que yo!, jajaja— el cliente comenzó a reírse tranquilamente, como si fuera algo alivianado.

— Exacto, y si descubre cómo, cuando quiera yo le paso un poco de la mía— Solté una carcajada, ya que, para mí, eso era una conversación graciosa.

El cliente se rio mientras tomaba sus bolsas con la mercancía, claro, después de pagarme y de darle su cambio exacto.

— Que bueno que te lo tomes así, eh, mis respetos para ti— Fue lo último que dijo antes de marcharse.

Esto me lleva a una reflexión: No debemos caer ante las provocaciones y, desde luego, no ser groseros con las personas a nuestro alrededor, quizás si esto me hubiera pasado antes de entender mi situación como persona intersexual o incluso en otro momento, me hubiera alterado o dado un bajón emocional al sentirme diferente. Pero ahora no, basta de dejarnos victimizar, aun si otras personas nos quieren ver cómo “diferentes”.

El ejemplo anterior con el cliente, es lo que se le llama ser “asertivos”, esto consiste en no ser agresivos ni pasivos, es incluso tomar con humor las críticas que nos hacen, sentirnos orgullosos de nuestras diferencias y nunca tomar algo como personal, a lo mejor, después de nuestra conversación, ese cliente termine tomando hormonas para ponerse más barbón.. o ¡Quizás hasta me pida un trasplante de barba!, eso no lo sabemos, pero lo que sí, es que no hay que caer en lo mismo de juzgar a quien nos juzga, a lo mejor, puede salir un resultado favorable, ¿y por qué no? Ganar un amigo o un aliado.

Esto es todo por este relato, nos estaremos leyendo en otro.

Otros textos de Nowaki:

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MI HISTORIA INTERSEXUAL: Atrapada en la pubertad (Brújula Intersexual)

Un día cualquiera en el trabajo

omficina

Estaba en la oficina donde trabajo, era un día caluroso de verano, y buscando un poco de aire fresco me senté cerca de una puerta que daba al exterior, enseguida se acercó un compañero y se sentó a mi lado. A mi compañero le llamare Paco. Paco es un chico típico, y le gusta hacer bromas de todo tipo, con frecuencia se burla de otros compañeros de trabajo, y también de él mismo. Ese día Paco y yo estábamos hablando de temas triviales, cuando de repente dirigió su mirada a mi barbilla, que, aunque había rasurado hace poco, se podían notar las barbas que comenzaban a salir, y señaló: “¡oh! ¡tienes más barba que yo! Tenía en su cara una expresión de burla y en seguida soltó una risa nerviosa. Muy tranquila respondí: “sí, tengo más que tú…”, y ahí quedó la conversación. De vez en cuando Paco me hacia comentarios de ese tipo, a los que yo siempre respondía con tranquilidad. Otro día me dijo: “Tienes más vello en los brazos que yo”, a lo que respondí: “¡Lo sé, represento mejor la masculinidad que tú!” [o por lo menos, lo que muchos hombres suponen que es la masculinidad] Él pensaba que iba a molestarme o vulnerarme con su comentario sobre mi vello corporal, o esperaba una respuesta diferente, pero al responderle eso, simplemente lo deje sin palabras. Me di cuenta de que él se sentía acomplejado con “su masculinidad”. Incluso, estaba otra chica ahí, escuchó todo esto y finalmente nos reímos los tres, aunque noté que la risa de Paco era una risa bastante nerviosa. Desde entonces, Paco no me ha vuelto a hacer un comentario similar.

Si es la primera vez que entran al blog y leen lo anterior, es posible que no encuentren nada inusual. Sin embargo, todo cambia si les digo que soy una mujer, una mujer intersexual, y sí, una mujer a la que le crece barba y que tiene más vello corporal de lo usual, esto debido a que de manera natural tengo niveles de testosterona considerados más altos que los de una mujer típica. Durante mucho tiempo, sobre todo en la adolescencia, no entendía lo que le pasaba a mi cuerpo, el porqué era diferente al de las otras chicas, y cuando recibía esta clase de comentarios, solo agachaba la cabeza y no decía nada, pero ahora, después de reflexionar sobre esto, de sanar el punto de vista que tenía sobre mi cuerpo, de querer modificarlo, puedo decir que me gusta mi barba, me gusta como soy, incluso me gustaría dejar mi barba crecer. Sin embargo, tengo que quitarme la barba por seguridad, para evitar agresiones tanto verbales como físicas. Espero que llegue el día en que pueda dejar crecer mi barba sin que mi seguridad e integridad física esté en riesgo.