Mi hermana es perfecta y también es intersexual

Por Xory

Mi hermana y yo nacimos en una comunidad pequeña del estado de Jalisco, México, donde las normas sociales eran muy sesgadas hacia la religión, y la diversidad se castiga con discriminación y violencia. Nuestra familia es numerosa, de escasos recursos, y con poca o nula educación sexual. Aquí la religión determina la forma de vivir una vida “normal”. Somos 15 hermanas(os), y mi hermana y yo somos de las 3 más jóvenes. Ella es 5 años mayor que yo. Cuando yo aun jugaba, ella ya empezaba a vivir los estragos de “ser diferente”. Recuerdo claramente que cuando yo tenía la edad de 8 años, una vecina me preguntó: “¿Es cierto que tu hermana es hombre?” Yo no supe que decir, no sabía a qué se refería ni porque me decía esto. Aunque para mí, era claro que en nuestra comunidad hablaban mal de ella por ser diferente. Yo no entendía nada, simplemente me molestaba el hecho de que molestaran a mi hermana.

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El lugar donde crecimos.

El tiempo pasaba y con ello las críticas hacia mi hermana incrementaban, pero ahora no solo eran críticas de personas fuera de nuestra casa. Cuando había desacuerdos con ella, el resto de mi familia le decía cosas como: “no seas hombrada”, “pareces hombre”, “tienes mucho vello en la cara y cuerpo”, y se las decían como insulto, para hacerla sentir mal. Desafortunadamente yo fui uno de los agresores, solo repetía lo que mi familia hacia, e ignoraba la hermosa diversidad que pueden tener los cuerpos.

Fueron años de discriminación y rechazo familiar y comunitario. Un día decidimos irnos del “rancho” y vivir en un pueblo cercano. Ella iniciaba la edad adulta y yo mi adolescencia. Las cosas no mejoraron mucho, los comentarios y discriminación eran latentes todos los días, pero por lo menos ya teníamos más acceso a otro tipo de información, en el pueblo había una biblioteca y computadoras con internet. Otro motivo por el cual nos fuimos del rancho era porque nuestra familia no quería que siguiéramos estudiando, y nosotras queríamos estudiar la preparatoria.

Aunque en el pueblo las condiciones eran más relajadas por ya no vivir en el entorno familiar que era bastante tóxico, la discriminación y acoso hacia mi hermana no cesó. Fui testigo de aquella desesperación que ella experimentaba al ver que su cuerpo no era como el de una mujer considerada “normal”. Su vello corporal aumentaba con los años, le crecía barba, además no se le desarrollaron mucho los pechos… su apariencia considerada “masculina” era evidente a los ojos de los demás, no podía pasar desapercibida, y eso la ponía en una situación de vulnerabilidad hacia una sociedad tan cuadrada, tan limitante.

También fui testigo de verla llorar con tanto dolor por no poder cambiar nada de lo que le sucedía a su cuerpo, ni las críticas que le hacían, ese dolor que la llevo a confesarme que había pensado en quitarse la vida en varias ocasiones. Yo no sabía qué hacer, me quedaba helada al verle, paralizada. Sabía que no me mentía, que de verdad ya le dolía demasiado para seguir viva. Yo tenía miedo de que algún día ya no la encontrara viva, me daba mucha rabia e impotencia el no poder hacer nada, no sabía cómo ayudarle. Me daban ganas de salir con ella y enfrentar a los agresores, pero me daba cuenta qué eran demasiados. Quería darle palabras de aliento, pero sabía que solo eran palabras que de nada ayudarían a su situación actual.

Así pasaron los años. Debido a la depresión aguda y al estrés, enfermaba frecuentemente, comenzó a tener dolor de espalda y corporal por la constante tensión en la que vivía. Buscó ayuda médica, pero los medicamentos solo le quitaban el dolor temporalmente, y su condición de salud cada vez era más crítica.

También comenzó con tratamientos hormonales, pero en vez de “normalizar” el vello corporal y sus características físicas, solo trajeron efectos secundarios con los que le era difícil lidiar.

De verdad que era desesperante ver lo que le costaba vivir día a día. Las depresiones en verdad que eran muy agudas, pero ella jamás se rindió. Ella seguía trabajando y estudiando. Nos cambiamos a otra ciudad para estudiar la universidad, y como era de esperarse, el acoso continuaba, pero ella ya no era la misma. Tantos años de lucha ya la habían hecho más fuerte, ya le empezaban a importar menos las opiniones de los demás. Empezó a hacer cosas que le apasionaban, y poco a poco la depresión empezaba a disminuir.

Ella termino su carrera y se fue a trabajar a otro estado. Aún seguíamos en comunicación, y aunque aún me preocupaba su estabilidad emocional, sabía que ella jamás se rendiría, que encontraría la forma de vivir tranquila a pesar de tanto acoso e ignorancia social. Después de un tiempo, yo me fui del país, ella seguía su vida en México, pero nos comunicábamos seguido. Siempre fuimos muy unidas y constantemente me preocupaba por lo que le sucedía en su vida, pero sabía que estaría bien.

En una ocasión me comentó: “He buscado mucha información sobre mi situación y encontré que soy una persona ‘intersexual’. Conocí a una chica que me ha orientado y explicado todo y tiene mucho sentido”. Después de esas palabras todo cambio. Me comentaba que había encontrado una página llamada “Brújula intersexual” donde había encontrado más información, que en años los doctores jamás le habían podido proporcionar ni explicar con claridad. Y no solo encontró eso, descubrió que no estaba sola, que había muchas chicas y chicos en la misma situación.

Aún recuerdo esa alegría con la que me decía todo lo que estaba aprendiendo de sí misma y de los demás. Empezó a hablar con personas que entendían su propio lenguaje, me decía: “Ya no tengo que explicar nada, ellos saben de lo que hablo. Incluso bromeamos de todos los duros momentos que hemos pasado y le damos otro significado a nuestras experiencias. ¡Es genial!”. De verdad que me alegro en el alma verle tan contenta, tan libre, y no solo con ánimos de vivir, sino que estaba feliz por ser como es, tan única.

Ser hermana de una persona intersexual, para mí hace reafirmar lo doloroso que es vivir en un mundo de etiquetas, en un mundo de blanco y negro, donde ser único es castigado con el rechazo y violación de los derechos que como humanos deberíamos tener todos.

Al igual que ella, yo no conocía el término “intersexual”, y posiblemente aun ignoro muchas cosas de ello, pero lo que siempre he sabido, es que para mí ello no determina mi cariño y admiración por ella. Le dije en muchas ocasiones que lo esencial es invisible a los ojos.

Yo a ella la admiro y quiero muchísimo. He aprendido demasiado de ella. En varias ocasiones le dije que “es mi guerrera favorita”, que si tuviese que citar a una persona a la cual admiro y que estoy feliz de que exista, por supuesto que sería ella.

No me gustan para nada las etiquetas, pero a veces son necesarias para citar una cuestión en específico. Así que, si tienen la fortuna de ser familiares de una persona intersexual, les invito a que no los maten con el rechazo, les invito a que se informen lo más que puedan, que se abran al mundo de la belleza de la diversidad, que convivan con ellos como lo que son: una persona como cualquier otra, tan única, tan diversa, tan hermosa.

Lo peor que puedes hacer es juzgar a alguien por ser lo que no pidió ser. Vivir es un reto que todos enfrentamos, aunque me atrevo decir que para una persona intersexual en estos tiempos tan sexualizados es 2 o 3 veces más difícil.

Si eres hermana, hermano, mamá o papá de una persona intersexual, tienes que saber que no hay nada anormal en ellxs, lo anormal es querer “normalizarlos”. No te pierdas la gran oportunidad de amarlos y aceptarlos tal y como son, eso es lo único que te toca hacer como familia.

¡No juzgues, infórmate!

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Segregación en un centro acuático

centro acuatico

Me gusta mucho la natación. Aprendí a nadar cuando cursaba la universidad, al principio fue muy difícil, me tomo tiempo aprender y unos cuantos sustos al hundirme y tragar bocanadas de agua en la alberca, por suerte siempre había instructores que acudían en mi ayuda.

Sin embargo, también viví ciertas situaciones algo incómodas o negativas. Como ya he comentado, me asignaron niña al nacer, nunca he tenido problemas con esa asignación, y tampoco tengo problemas si la gente se refiere a mi como hombre ni si se refiere a mi como mujer, pero socialmente si he vivido algunos conflictos por los prejuicios de otros sobre mí apariencia, ya que mi cuerpo por naturaleza tiene una apariencia andrógina y nací con características sexuales intersexuales, en mí caso, de manera natural, cuento con niveles de testosterona considerados altos para una mujer, por lo tanto, no desarrollé pechos ni cadera, tengo hombros anchos, bastante vello corporal y me crece barba.

Aprendí a nadar con un instructor que sabía nadar muy bien, sin embargo, algunas veces me sentía incomoda, ya que me miraba constantemente y en su mirada percibía algo de curiosidad o morbo, incluso supe que llegó a comentar cosas negativas respecto a mi cuerpo. Aunque siento que esta situación y comentarios no me afectaron ni me importaron mucho, simplemente me enfoque en las instrucciones y en seguirlas adecuadamente.

En varias ocasiones he vivido discriminación al asistir a clases de natación o al ir a nadar. La natación es una de las actividades donde el cuerpo y sus peculiaridades están más expuestas, y, por tanto, las personas como yo somos vulnerables a discriminación y comentarios de personas prejuiciosas. Pero eso no me ha quitado la pasión que siento por la natación. Es un deporte que disfruto mucho y que me ha ayudado mucho, tanto física como mentalmente.

Cuando he pasado por situaciones de discriminación, intento verlas como una oportunidad para practicar la paciencia, y siento que cada vez más desarrollo más resiliencia.

La última vez que pase una situación de discriminación en una alberca, fue muy particular y, al final, salió algo muy positivo de esto. A continuación, les contare como sucedió todo:

Llegando a mi clase de natación, siempre mostraba mi credencial.

 Al llegar a mi clase mostré mi identificación como de costumbre, no estaba la persona de siempre, y quien estaba en su lugar me pidió que le acompañara, dijo que necesitaban hablar conmigo unos minutos, pero inmediatamente presentí que algo andaba mal. La seguí y me llevo con otra persona – de la cual no pregunte su nombre ni cargo.

Esta persona dijo: “Un usuario me ha pasado una queja, dice que un hombre estaba en los baños y regaderas de mujeres. Por las características y los horarios que esta señora nos informó, supimos que se refería a ti. Nosotros ya checamos tu acta de nacimiento y demás documentos, y sabemos que eres mujer. Desgraciadamente estamos en una ciudad pequeña, y las personas son de mentes muy cerradas. Te vamos a asignar regaderas y baños ´unisex´ para cuidar tu integridad”.

Les contesté que me parecía bien. No me enoje. Solo estuve de acuerdo con la “solución”.

Una guardia abrió los baños exclusivamente para mí y espero que saliera de bañarme.

Me segregaron para “comodidad” de las demás personas, ya que, al enviarme a los baños y regaderas unisex, están haciendo invisibles a los cuerpos diversos como el mío. Y no hicieron nada por cambiar la mentalidad de los usuarios que acuden al centro acuático, le dieron la razón a la señora que se quejó, y a mí simplemente me sacaron de su vista, me segregaron.

Pienso que la segregación de las personas con cuerpos que varían del promedio, no es una opción, crea más estigma y discriminación, la solución es que se tomen medidas para informar a la población, medidas para evitar efectivamente la discriminación combatiendo la ignorancia, porque actualmente muchas personas piensan que la segregación es la “mejor” opción para evitar que personas como yo seamos agredidas, tanto verbal como físicamente, pero pienso que segregar a las personas podría provocar aún más discriminación.

Lo que yo hice ante esta situación que viví, fue buscar apoyo en instituciones de gobierno como CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) y en organizaciones como Brújula Intersexual, quienes me apoyaron y se logró organizar un taller sobre discriminación dirigido al personal de la institución deportiva.

Creo que lo mejor es no quedarnos callados, hablar sobre las experiencias que vivimos, denunciar ante los organismos competentes, buscar apoyo en personas, instituciones u organizaciones que nos puedan orientar, e intentar que situaciones así no se repitan con otras personas para que no abandonen las actividades que les gusta hacer. Nadie merece vivir aislado o segregado, contribuyamos para construir un mundo donde haya lugar para todas las personas.

Anécdota en el autobús

Un día volvía de mi trabajo, me subí al autobús, y ya todos los asientos estaban ocupados, solo unos cuantos hombres y yo estábamos parados en el pasillo del camión.

Pienso que daban por hecho que yo era un hombre debido a mi apariencia, por eso ninguno de los hombres que estaban sentados me cedieron un asiento (no es que yo crea que es obligación de los hombres ceder su asiento a las mujeres, pero en el lugar donde vivo, es algo que se ve con frecuencia, y hasta es mal visto si no lo hacen). De pronto un chico se levantó de su asiento y me ofreció su lugar para que me sentará.

En voz baja y en tono de reclamo, escuche a su amigo decirle: “¡¿Por qué le cediste el asiento a ese chico?!”

Él contestó: “Es mujer”.

Esta es una anécdota que me gusta contar, me causa mucha risa. Cada persona me percibe de maneras distintas. También me pone a pensar como es tan frágil la masculinidad, y como es inconcebible que un hombre tenga detalles o sea amable con otro sin que se le critique o cuestione esa masculinidad que tanto se defiende.

Encuentros y desencuentros: experiencias de pareja cuando eres intersex y andrógino

Orquidea

Cuando nace un bebe intersexual, en particular con diferencias genitales u hormonales, uno de los prejuicios que surge en los doctores y padres es que a ese bebé cuando crezca le será difícil tener una pareja, o peor todavía, tienen la firme creencia de que, cuando crezca, no podrá tener relaciones sexuales, obviamente refiriéndose al coito heterosexual, el cual piensan es la única posibilidad de experimentar la intimidad. Y esta es una de las justificaciones, entre otras, para realizar las “cirugías normalizadoras” y/o terapias hormonales en bebés, niñxs y adolescentes, todo con el objetivo de que ese bebé tenga una apariencia típica y claramente femenina o masculina. Esto ya lo han mencionado muchas personas intersexuales en sus historias e investigadores sobre el tema.

Es cierto que algunas personas pueden ser crueles y abusivas al saber que su pareja cuenta con una variación intersexual. Pero también es cierto que hay personas que se sienten orgullosas y felices de estar con su pareja intersexual.

Carlx Is nació con Hiperplasia Suprarrenal Congénita, nació con diferencias genitales, niveles de testosterona considerados muy altos para una mujer típica, y fue asignadx niña debido a que cuenta con cromosomas XX, afortunadamente no fue intervenido quirúrgicamente, aunque sí hormonalmente en un intento por feminizar su apariencia. Carlx cuenta con una apariencia considerada andrógina, a veces las personas lx leen como hombre, y a veces lx leen como mujer. La identidad de género de Carlx es no binaria, aunque cabe aclarar que las personas intersexuales, al igual que todas las demás personas, pueden identificarse como mujeres, hombres o con algún género no binario. Carlx utiliza pronombres tanto masculinos como femeninos dependiendo de la situación en la que se encuentre, por ejemplo, como en sus documentos oficiales dice que es una mujer, en su trabajo usa pronombres femeninos, pero en su vida cotidiana se refiere a si mismx indistintamente con pronombres tanto masculinos como femeninos.

En esta ocasión Carlx nos cuenta sus experiencias en las relaciones de pareja y cuando tuvo intimidad con alguien por primera vez.

“En la adolescencia tuve algunas parejas, tanto hombres como mujeres. Con los hombres nunca llegué a tener intimidad ya que no puedo tener penetración y me daba miedo que me rechazaran, y con las mujeres nunca se dio la oportunidad y también tenía un poco de miedo al rechazo por ser diferente. Con mis parejas mujeres nunca recibí discriminación ni comentarios negativos debido a mi apariencia andrógina, pero mis parejas hombres constantemente hacían comentarios como: “pareces hombre”, “arréglate más porque mis amigos creen que ando con un hombre”, “deberías maquillarte y dejarte crecer el cabello”, etc.

Tenía alrededor de 30 años cuando conocí a una chica trans por internet, comenzamos a escribirnos por algunos meses, después de un tiempo vino a visitarme, estuvimos conviviendo, nos atraíamos mucho y tuvimos algo de intimidad. Nunca hubo algo serio entre nosotrxs, pero fueron momentos agradables. Al final quedamos como amigos, aún continuamos escribiéndonos, ella vive en otra ciudad.

Tiempo después tuve un trabajo donde conocí algunos chicos y chicas que estoy segurx de que les gustaba, ¿Cómo sabía que les gustaba? Porque me hacían cumplidos y otros directamente me dijeron que les gustaba y me invitaban a salir. Algunos eran chicos gay o mujeres heterosexuales y no parecía importarles que fuera legalmente una chica. Algunos me parecían atractivos, pero no quise involucrarme con nadie del trabajo.

Debido a mi apariencia andrógina les he llegado a gustar a mujeres heterosexuales y a hombres gay que al principio creen que soy un hombre típico, también les he llegado a gustar a mujeres lesbianas y a hombres heterosexuales, que piensan que soy una mujer típica. Mis documentos dicen que soy una chica, así que algunas veces las personas se enojan o asustan cuando se enteran que en realidad no soy un hombre, pareciera como si se sintieran “engañados”.

Tiempo después, conocí a una chica intersexual, también la conocí por internet, (gracias al proyecto Brújula Intersexual) platicamos por un año, nos hicimos amigos, compartimos fotografías y nos gustamos, decidimos que era momento de conocernos y quedamos de vernos en otra ciudad. Nos hospedamos en un hotel, y desde la primera noche tuvimos intimidad, fue una experiencia muy satisfactoria, fue mi primer contacto con otra persona intersexual, me gustaba el hecho de no tener que dar explicaciones sobre mí cuerpo. Por un tiempo seguimos escribiéndonos, pero debido a que vivíamos muy lejos uno del otro, quedamos como amigos.

Después en el trabajo, conocí otras personas que querían salir conmigo, pero yo seguí sin querer involucrarme, en parte por miedo a que con el tiempo otras personas en mi trabajo se enteraran de mi cuerpo intersexual, y eso pudiera hacerme blanco de discriminación y violencia, trabajaba en una empresa muy grande en el área de producción, y frecuentemente recibía críticas debido a mi apariencia masculina, algunas personas me agredían porque pensaban que era lesbiana y otras simplemente me molestaban por mi apariencia.

 A los 32 años conocí a otra chica intersex, nos conocimos en una ciudad turística muy bonita, comenzamos a conocernos como amigos, nos gustamos y después de unos días, nos dijimos lo que sentíamos el uno por el otro. Empezamos a conocernos más, y cuando vino a visitarme le propuse que fuera mi novia, ella acepto. Disfruté mucho los momentos que pasamos juntos, desde tener intimidad con ella, compartir experiencias y más. Estuvimos juntos por 6 meses, y fue una experiencia muy bonita.

En ese entonces le gustaba a un chico en el trabajo, era muy guapo, me lanzaba indirectas y me invitaba a salir. No quise salir con él porque tenía pareja y estaba enamoradx, cuando terminamos mi ex y yo, él me seguía invitando a salir, me gustaba, pero decidí no salir con él porque era hombre y la mayoría de los hombres tienen prejuicios sobre cuerpos como el mío ya que no puedo tener penetración, además era compañero del trabajo y no me gusta salir con personas del trabajo por lo que comenté anteriormente.

Hace unos meses conseguí otro trabajo en una empresa donde hago el aseo, un chico gay que tiene poco tiempo trabajando ahí, comenzó a tener detalles conmigo, me regalaba cosas y me hacía cumplidos constantemente, en un principio él creyó que yo era hombre. Un día, otro compañero me llamó por mi nombre [de mujer], él estaba cerca, y vi la reacción en su cara de sorpresa y confusión. Después de eso, por un tiempo dejó de hablarme y de tener detalles conmigo, pero después de unas semanas al parecer aceptó que era una chica y continúa teniendo detalles conmigo y haciéndome cumplidos. Sin embargo, yo prefiero no involucrarme, y agradezco sus atenciones, y creo que podemos ser buenos amigos. Hay otras chicas que me llaman la atención en el trabajo me hablan mucho, me sonríen y me hacen cumplidos, son el tipo de chicas que me gustan, son muy bonitas, aunque la verdad no sé si todas piensen que soy hombre o mujer.

Hace unos meses fui a un restaurante con mi familia, una de las chicas que estaban en la mesa de enfrente, que me gusto, me miraba y me sonreía y yo le regresaba la sonrisa, disfrute mucho ese momento, no dejaba de voltearme a ver.

Empecé a notar estas cosas cuando fui teniendo más seguridad en mí mismx, cuando comencé a aceptarme y gustarme tal cual soy, creo que la clave es tener seguridad en ti mismo, saber que la felicidad está en uno mismo, y no en una pareja, puedes ser feliz o infeliz con pareja o sin pareja.

Conozco a personas intersex que además tienen una apariencia andrógina, y debido a esto se sienten inseguras, creen que por su apariencia no le gustarán a nadie, pero yo creo que es al contrario, al tener una apariencia andrógina tenemos más posibilidades. Siempre hay nuevas oportunidades, si pasa algo bien y si no también. Puedes gustarle a todo tipo de personas con todo tipo de preferencias, no te cierres a las posibilidades, tal vez en una de esas, el amor llegue a tu puerta, ten seguridad en ti mismo, se autentico y veras que todo cambia. Alégrate por otras personas que ya han tenido pareja o intimidad, tener celos no sirve de nada. Si cambias ese punto de vista, y te alegras por otras personas créeme que te puede pasar a ti, pero hazlo sin esperar nada a cambio, el simple hecho que te de gusto por otro es muy poderoso y que sientas esa alegría en tu interior porque a otra persona le vaya bien es muy enriquecedor, en cambio tener celos o envidia de los demás y lástima por ti mismo, te hace una persona pobre en sentimientos y negativa.”

Espero que la historia y experiencias de Carlx puedan ser de ayuda a otras personas intersex y andróginas, para que sepan que no están solas y que muchas otras personas viven con los mismos miedos e inseguridades, y que estos pueden ser superados.

Cabe mencionar que Carlx tiene el apoyo de su familia, su familia acepta su orientación sexual y su identidad de género no binaria. El apoyo familiar puede ser una gran ventaja, a diferencia de una persona que no cuenta con ningún tipo de apoyo, o que sus padres son homofóbicos o transfóbicos, o personas con mentes muy cerradas.

Carlx también ha desarrollado la habilidad para saber con quién involucrarse sentimentalmente y con quién no. Ya que como mencionaba, algunas personas pueden ser crueles y aprovecharse de la condición de su pareja intersex.

¿Cómo es que la homofobia y transfobia afecta a las personas intersex y andróginas? 

libertad

Aunque nunca me he identificado con ninguna de las siglas del acrónimo LGBT, siento una profunda empatía por las personas que si se identifican con el mismo, entiendo los problemas y discriminación que enfrentan, ya que día a día enfrento esos mismos problemas y discriminación.

Como he comentado en el blog, al nacer fui asignada como niña, pero en la adolescencia mi cuerpo desarrollo características sexuales secundarias consideradas masculinas, tales como vello corporal considerado excesivo para una mujer, barba, hombros anchos, mis caderas no se ensancharon, prácticamente no desarrollé pechos, etc. En otras palabras, tengo un cuerpo intersex [uno con características sexuales congénitas que no parecen encajar en las definiciones típicas de masculino o femenino], y, como podrán darse cuenta, mi apariencia es andrógina.

Pueden percibirme de manera errónea muy fácilmente, todo depende de los prejuicios de las personas. Pero el problema no es como me perciban, el problema real es como actúen esas personas ante sus percepciones y prejuicios. A continuación, compartiré algunos ejemplos de esto.

Cuando era adolescente, fui criticada por mi tono de voz (grave, en ese entonces) y por mi forma de ser y físico que eran considerados “masculinos”, generalmente las críticas venían de mis hermanos(as) y de mí madre.

Aproximadamente a los 18 años, cuando ya mi cuerpo se había desarrollado, tenía mucha barba y vello corporal, me depilaba todo el tiempo, en ese entonces usaba cabello largo, maquillaje y ropa considerada femenina. Las personas me discriminaban porque me percibían como una chica trans. Creo que en muchos sentidos si parecía una mujer trans, lo cual no tiene nada de malo, pero la sociedad es cruel con las personas que no se ajustan a sus ideas de lo que debe ser una mujer. Recibía mucha violencia psicológica, algunas personas me acosaban y molestaban, pero la peor violencia que sufrí fue de parte de algunos novios que tuve en ese entonces, quienes frecuentemente hacían comentarios despectivos sobre mi apariencia.

Debido a estas y otras situaciones, a los 25 años decidí cortar mi cabello, lo corté por impulso hasta dejarlo muy corto, dejé de maquillarme y comencé a usar ropa unisex. Entonces, comencé a recibir otro tipo de discriminación, ya que algunas personas me leían como lesbiana (aunque nunca me he identificado así), y otras personas me percibían como un hombre gay, y me hacían muchos comentarios homofóbicos. También le llegaba a gustar a mujeres y a hombres gay, y estos últimos se sorprendían al enterarse que no era un hombre.

Algunas veces, cuando me dejaba crecer un poco la barba (por descuido o por otro motivo), me llegaron a preguntar: “¿Eres chico trans?” o “¿Porque tienes barba?”, en ese entonces vivía en una ciudad que era un poco más tolerante con la diversidad y mentía diciendo que estaba en tratamiento hormonal, inyectándome testosterona, porque no quería decir que me salía barba de manera natural. Me sentía más segura al decir que yo había decidido tener barba.

Casi todos los doctores que he visitado para atender problemas de salud ajenos a mis características sexuales, han buscado “ayudarme” ofreciendo tratamientos hormonales que no solicito, o canalizándome con sus colegas endocrinólogos quienes, según ellos, me “ayudarán a descubrir” que sucede con mi cuerpo, y me administrarán un tratamiento hormonal, el cual hará que tenga una apariencia más femenina. Siempre he rechazado su “ayuda”. Algunos doctores han sido invasivos e insistentes, y les he dejado claro que no me interesan sus tratamientos. En cambio, hay otros que al parecer tienen la sincera intención de ayudar, simplemente desconocen las variaciones en las características sexuales NO son una patología, y se dejan llevar por lo que aprendieron en la escuela de medicina.

En el transcurso de mi vida he pasado violencia psicológica y algunas veces también violencia física, todo como consecuencia de la percepción errónea sobre mi identidad de género o preferencias sexuales, y por los prejuicios sociales que existen contra toda persona percibida como no-heterosexual o no-cisgénero.
Aunque no pertenezco a la comunidad LGBT, siento empatía por las personas de la de la comunidad, porque sé que las formas de discriminación y violencia son horribles, ya que a mí me ha tocado vivirlo en carne propia.

Algunas veces siento miedos reales y no reales. Me enfrento a las situaciones que se me van presentando de la manera que considero más adecuada, intento nunca ponerme en riesgo y no dañar ni odiar a quienes me agreden. Es una lucha interna que a veces me quita energía y no permite que me enfoque en mis tareas cotidianas, ya sea el trabajo o el estudio.

Sin embargo, gracias a que nací con un cuerpo que no es típico, tuve la oportunidad de conocer a un ser hermoso, hablo de mi novia que también es una persona intersex, y también conocí a otras personas intersex que son admirables, fuertes, valientes, que me inspiran a seguir adelante día a día, algunos de ellxs son mis amigxs. Ellxs son mi verdadera familia.

A partir de que entré en contacto con la comunidad intersex, mi vida cambió por completo. Ahora soy una persona estable emocionalmente, y me siento feliz y satisfecha con mí vida, mi novia me ha ayudado mucho en esto.

Algunas veces se me olvida como era mi vida antes de encontrar a esta hermosa comunidad, se me olvida lo sola que me sentía, y empiezo a sabotearme con pensamientos negativos, pero luego recuerdo el pasado y paro mi dialogo interior, y así, puedo volver a concentrarme en el presente y disfrutar lo que ahora tengo y nunca pensé tener: una verdadera familia.