Agresiones en los baños

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Hoy fui a un baño público y entré al baño de mujeres, delante de mi iban dos “mujeres” (así entre comillas, porque no me consta que lo fueran).

Al entrar una de ellas se me quedó viendo fijamente y dijo con tono retador:

“¡A dónde vas  a Cagar!”

Me imagino que pensaron que era un hombre en el baño de mujeres, o también puede ser que simplemente se sintieran confundidas respecto a mi género, pero eso no les da derecho a decirme nada.

Ya estoy harta de los comentarios que me hacen cada vez que entro al baño de mujeres. Se me hacen ridículas estas situaciones, y lo peor es que son algo cotidiano. A veces simplemente lo dejo pasar, pero otras veces no estoy de humor para aguantar tanta estupidez.

¿Por qué siempre tienen que estar cuestionando? yo nunca me meto con nadie.

Esta clase de comentarios me parecen agresiones, y sí yo respondiera con la misma actitud, cuestionando su género, seguramente me responderían aun con más agresión. Muchas personas  creen que tienen el derecho de cuestionar el género de los demás. Y dan por hecho que no te vas a defender, si no, por el contrario, no lo harían.

¿Quién te da derecho a cuestionarme?

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Estando en mi trabajo, en el área de recepción de un hotel, un automóvil estaba obstruyendo la entrada al estacionamiento. Eran dos personas adultas en el auto. Les dije muy amablemente que no se podían estacionar en la entrada. El señor que conducía el auto me dijo que él iba estar ahí, y que se movería de ser necesario.  Así que accedí a que se quedara estacionado.

Después de un rato, me asomé para ver si seguían ahí. Entonces el señor me llamó haciendo una señal con la mano para que me acercara, al acercarme, empezó a hacerme preguntas:

Señor: ¿Cómo te llamas?

Yo: Mariana.

Señor: Yo soy Francisco.

Yo: Mucho gusto.

Señor: Que raro tu nombre.

Yo: De hecho, mi nombre es muy común.

Señor: Sí, es un nombre común. Pero por qué no te pusieron Guadalupe, Patricio, Mario, etc. [En México el nombre de Guadalupe se utiliza tanto para hombres como para mujeres.

A lo que no supe como contestar, y simplemente cambié la plática.

Obviamente el señor daba por hecho que yo era hombre, y por eso cuestionaba mi nombre de mujer.

Me sentí incomoda, pero no demostré inseguridad, como lo hacía antes en este tipo de situaciones, en las cuales sentía vergüenza, ansiedad y miedo, y no era algo que pudiera que ocultar.

Esta clase de experiencias hacen que me pregunte ¿Por qué las personas se toman el derecho de cuestionar mi género?  Si yo le hubiera cuestionado su género, y le hubiera preguntado: ¿Por qué no se llama usted María o Francisca?, Seguramente se hubiera ofendido y posiblemente su agresión hubiera sido mayor, porque al cuestionarme de esa forma ya me estaba agrediendo.