Un día cualquiera en el trabajo

omficina

Estaba en la oficina donde trabajo, era un día caluroso de verano, y buscando un poco de aire fresco me senté cerca de una puerta que daba al exterior, enseguida se acercó un compañero y se sentó a mi lado. A mi compañero le llamare Paco. Paco es un chico típico, y le gusta hacer bromas de todo tipo, con frecuencia se burla de otros compañeros de trabajo, y también de él mismo. Ese día Paco y yo estábamos hablando de temas triviales, cuando de repente dirigió su mirada a mi barbilla, que, aunque había rasurado hace poco, se podían notar las barbas que comenzaban a salir, y señaló: “¡oh! ¡tienes más barba que yo! Tenía en su cara una expresión de burla y en seguida soltó una risa nerviosa. Muy tranquila respondí: “sí, tengo más que tú…”, y ahí quedó la conversación. De vez en cuando Paco me hacia comentarios de ese tipo, a los que yo siempre respondía con tranquilidad. Otro día me dijo: “Tienes más vello en los brazos que yo”, a lo que respondí: “¡Lo sé, represento mejor la masculinidad que tú!” [o por lo menos, lo que muchos hombres suponen que es la masculinidad] Él pensaba que iba a molestarme o vulnerarme con su comentario sobre mi vello corporal, o esperaba una respuesta diferente, pero al responderle eso, simplemente lo deje sin palabras. Me di cuenta de que él se sentía acomplejado con “su masculinidad”. Incluso, estaba otra chica ahí, escuchó todo esto y finalmente nos reímos los tres, aunque noté que la risa de Paco era una risa bastante nerviosa. Desde entonces, Paco no me ha vuelto a hacer un comentario similar.

Si es la primera vez que entran al blog y leen lo anterior, es posible que no encuentren nada inusual. Sin embargo, todo cambia si les digo que soy una mujer, una mujer intersexual, y sí, una mujer a la que le crece barba y que tiene más vello corporal de lo usual, esto debido a que de manera natural tengo niveles de testosterona considerados más altos que los de una mujer típica. Durante mucho tiempo, sobre todo en la adolescencia, no entendía lo que le pasaba a mi cuerpo, el porqué era diferente al de las otras chicas, y cuando recibía esta clase de comentarios, solo agachaba la cabeza y no decía nada, pero ahora, después de reflexionar sobre esto, de sanar el punto de vista que tenía sobre mi cuerpo, de querer modificarlo, puedo decir que me gusta mi barba, me gusta como soy, incluso me gustaría dejar mi barba crecer. Sin embargo, tengo que quitarme la barba por seguridad, para evitar agresiones tanto verbales como físicas. Espero que llegue el día en que pueda dejar crecer mi barba sin que mi seguridad e integridad física esté en riesgo.

Discriminación en centro comercial.

 

Solo ser

Las personas leen mi apariencia según su punto de vista. Es común que sientan confusión sobre mi género, y algunas veces no sepan descifrar si soy hombre o soy mujer, otras dan por hecho que soy hombre y otras dan por hecho que soy mujer, sin siquiera cuestionarlo.

No quiero vestir “como mujer”, tampoco quiero vestir “como hombre”, ni me identifico como tal. Solo me gusta cierta ropa y la uso, sin importar como me vaya a leer la gente.

¿Cómo me idéntico? Sin género, otras veces como género fluido.

Ahora narraré una experiencia que me sucedió cuando regresaba de visitar a una amiga intersexual de Colombia.

De regreso a México, hicimos escala en Panamá. La escala era de varias horas, así que, si nos dábamos prisa, podríamos ir a un centro comercial o al canal de Panamá. Después de pensarlo un poco, decidimos ir a un centro comercial, ya que nos dijeron que la ropa es muy barata en Panamá.

Entramos a tiendas de ropa y zapatos nos probamos algunas cosas. En las primeras dos tiendas, no hubo problema al entrar al vestidor de mujeres, pero si en la tercera tienda a la que entramos, y que fue la última por lo que sucedió. Tomamos alguna ropa que nos gustó y nos dirigimos a los vestidores de mujeres – no quise ir al probador de hombres porque estaba en otro piso, y teníamos poco tiempo. Mi acompañante iba delante de mí y paso sin ninguna dificultad al vestidor. Cuando yo iba a entrar, y me topé con la empleada que atendía el vestidor, me dijo: “dale la ropa a tu amiga”, le contesté: “me la voy a probar”, entonces, viéndome de pies a cabeza, me dijo: “no puedes entrar al vestidores de mujeres”, tenía una expresión de burla en su cara y una leve sonrisa. “Soy mujer”, le dije. En ese momento, me arrebato la ropa de las manos, sentí mucho enojo, había una fila de mujeres detrás de mí y todas se rieron al presenciar todo. Debido a esto, aumento mi enojo, sentí que me humillaban. Me sentía confundida y alterada por la ira.

En eso mi acompañante, al ver que no entraba al vestidor regresó y preguntó: “¿Qué pasa?”, a lo que solo dije, “Vámonos”, y la tomé de la mano y la jalé a la salida, caminando rápidamente. “Espera, ¿Qué sucede?”, me dijo mi amiga. Yo estaba enfurecida por la situación, y aventé la ropa que tenía aún en la mano, luego le arrebate a mi amiga la ropa que tenía en sus manos y la aventé. Me dirigí a la entrada para pedir que nos devolvieran nuestras mochilas que habíamos dejado en la paquetería de la tienda. En ese momento, se me ocurrió tomar mi pasaporte e ir a demostrarle a la empleada del vestidor que estaba cometiendo un error y una injusticia, quería demostrarle que según mis documentos oficiales yo era mujer.

Así que tomé mi pasaporte, y sin decir nada a mi amiga, me dirigí rápidamente al vestidor y le dije, “¡aquí está mi pasaporte!”, con voz fuerte y molesta, “¡véalo bien!, ¡vea mi nombre!”. Lo miró, y seguía pensando que le estaba mintiendo, enseguida llamo al encargado, y le dijo, “Mira, dice que es mujer”, entonces el encargado tomo mi pasaporte y dijo: “no sé qué hacer en estos casos”, entonces la empleada dijo al encargado que llamara al gerente.

Para ese momento, yo no estaba dispuesta a que vinieran más personas y todo se hiciera un escándalo, así que le dije, “deme mi pasaporte”, con voz fuerte y molesta, me lo dio, regresé con mi amiga, tomamos nuestras partencias y salimos de la tienda.

 

Recordar y plasmar lo sucedido en esta experiencia aún me causa un poco de tristeza, ya no me causa enojo. No me gusta volver a recordar. Sin embargo, lo hago con la finalidad de que este testimonio pueda ayudar a quienes pasen por situaciones como esta, que sepan que no están solxs y que muchas personas pasamos por lo mismo.

En esos momentos mi mente estaba confundida por la ira, sé que no actué correctamente. En ese momento podría justificar mi ira y mi acción violenta para con mi amiga, al arrebatarle la ropa y hablarle mal, cuando ella ni siquiera sabía lo que había sucedido, pero en ese momento podía sentir tan sólido el derecho a sentirme ofendida. Ponerme en una postura de víctima. Fue un error. Además estábamos en otro país, me puse en peligro a mí misma y a mi acompañante al estar aventando cosas por la tienda, y porque prácticamente le grité a la empleada y todo estuvo a punto de volverse un escándalo.

Lo ideal es ser asertivo, pero ¿cómo ser asertivo en estas situaciones?

En situaciones como ésta, es complicado ponerse en el lugar del otro, a menos que hayas trabajado esa habilidad. Ahora entiendo que la empleada estaba en posición de cuidar a las mujeres que entraban al vestidor, esa era su intención, y aunque no tuvo porque actuar así, en ese momento me leía un como hombre, y por tanto como un posible peligro si entraba al vestidor de mujeres. Pero al enfrentarnos a situaciones así, donde nos agreden de alguna manera, no se justifica que actuemos de la misma manera, porque la agresión y la violencia solo lleva a más violencia. Con respecto a mi acompañante, no fue justo ni correcto que actuara agresiva con ella porque ella solo quería ayudarme, y en realidad no sabía lo que sucedía.

Definitivamente actuar con ira no sirve en absoluto, porque te causa daño a ti y a quienes te rodean. Tampoco es correcto no hacer nada al respecto, porque no logras ningún cambio. Además, al reprimir todo se va generando un cúmulo de emociones como la ira, tristeza, frustración o deseos de venganza, que en cualquier momento pueden emanar.

Es importante actuar de manera tranquila, y así, poder decidir cual es la mejor forma de actuar en un momento determinado.

También es importante identificar instituciones de Derechos Humanos y organismos contra la discriminación en tu país. Se sabe que muchos actos de violencia y discriminación no se denuncian por miedo, vergüenza, y, muchas veces, por falta de eficacia en algunos organismos. Sin embargo, me parece que es lo mejor que se puede hacer en este tipo de situaciones. Algunas veces, estos organismos son federales, y al haber denuncias por discriminación contra un establecimiento, estos organismos pueden tomar acciones como imponer multas u obligar al establecimiento a tomar medidas para que esto no vuelva a suceder.

Gritar y enojarnos, en realidad no soluciona nada, incluso puede empeorar las cosas, pero mantener una actitud tranquila, decir lo que tenemos que decir de manera calmada sin alterarnos y denunciar si puede generar cambios importantes.

Cuando vivas un evento de este tipo, siempre asegúrate de investigar el nombre de las personas implicadas, del establecimiento, y recabar toda la información posible para poder armar tu denuncia de la manera más completa que puedas.