Mujeres intersex con barba: Bea IS

  • Para nuestro proyecto “Mujeres intersex con barba” entrevistamos a Bea IS, una mujer intersexual de Perú.

 ¿A qué edad te comenzó a crecer la barba? ¿Cómo fue para ti? ¿Hiciste algo para eliminarla?

Hola, mi nombre es Bea IS, tengo 26 años, soy de Lima, Perú. Tengo una variación intersexual conocida como hiperplasia suprarrenal congénita (HSC). La barba me comenzó a crecer entre los 12 y 13 años más o menos, a medida que pasaba el tiempo me salía con más intensidad y con mayor grosor, fue para mi algo complicado porque yo iba al colegio, al secundario, así que siempre trataba de ocultarla, depilándome con pinza o con una maquina de depilar, pero era algo muy complejo porque me dejaba la piel lastimada, a veces me llevaba mucho tiempo sacarla y era muy cansado, ya que lo hacía casi todos los días y la verdad era muy estresante para mi esa situación.

Hice muchas cosas para eliminarla, al principio simplemente la sacaba con pinzas y máquina, luego, a los 22 años, me hice una depilación laser, al principio resulto algo bastante bueno porque redujo el volumen y también la cantidad que salía, así que tuvo beneficios, sin embargo, después tuve un problema, porque el láser que usan para la depilación me produjo quemaduras intensas en la piel, por lo cual estuve internada un mes en el hospital, ni siquiera podía darme la luz porque mi piel estaba muy delicada.

¿Has sufrido discriminación por tener barba?

No he sufrido discriminación específicamente por tener barba, pero sí por el conjunto de caracteres físicos que poseo como persona intersexual. La barba casi siempre me la retiraba, pero algunas veces sí me pasó que me topaba con alguna persona, nos saludábamos de mejilla, y les pinchaba mi barba, y me decían: “no, ¿tienes barba?”, y cosas así.

¿Qué te gusta y que no te gusta de tener barba?

En realidad, no me gusta la barba (risas), no me gusta y por eso me la retiro en lo máximo que puedo, a veces no tengo mucho tiempo para hacerlo y no lo hago, pero, para sentirme cómoda conmigo misma, me la retiro. Me siento cómoda sin la barba, creo que aún no me he acostumbrado ha tenerla, tampoco la he dejado crecer tanto, apenas se comienza a ver, me la retiro.

¿Qué te ayudo para aceptar tu barba?

En realidad, no la he aceptado del todo, no es que la pueda exhibir con tranquilidad, quizá entre familiares un poco. Sé que es parte de mí, que se da en muchas personas y que no es algo anormal, sino que es algo normal para las personas con características intersexuales, sin embargo, no la acepto tanto como para poder exhibirla y enfrentarme a las consecuencias sociales. Simplemente, si crece, la saco y punto. El bullying y el rechazo que sufrí, pienso que desencadenó el desagrado a mi barba, sin embargo, cuando llegué a conocer a otras personas intersexuales, pude ver la barba de una manera un poco diferente, eso me ayudó a calmar los temores del rechazo social.

¿En esta pandemia o en otras situaciones has dejado crecer tu barba?

En esta pandemia, la he dejado crecer un poco más que antes. Siempre que tenía que trabajar o estudiar, me retiraba los vellos, sin embargo, ahora en la pandemia, como no salgo mucho, la deje crecer un poco, no tanto, no es que haya crecido bastante, creció muy poco, pero la retiraré antes de que crezca más porque me genera incomodidad, ósea no solamente es el exponerla a otras personas, si no que a mí misma me genera incomodidad en la zona, así que por eso la prefiero retirar.

¿Alguna anécdota que tengas?

Siempre me ha pasado que a las personas o familiares que saludo de mejilla, que no conocen mucho de mí, y les llegaba a pinchar mi barba, se me quedan mirando de una manera rara, por ejemplo, me paso también en el centro laboral, y bueno, no me quedó mas que seguir trabajando, pero obviamente sentí mucha vergüenza… pero pues nada, son cosas que pasan a veces, una persona que tiene estos caracteres no puede hacer mas que manejarlo, y sacar la barba o dejarla crecer y vivir las consecuencias.

Me paso en el secundario que hubo un tiempo que me tenía que sacar todos los días la barba, hasta que me canse y me la deje crecer, no mucho, pero ya no me la depilaba diario, una vez la dejé crecer por una o dos semanas y me miraban directa y constantemente, la barba se me veía claramente, y mis compañeros me miraban de una forma extraña… si me tenían que hablar, lo hacían con mucho cuidado como si estuvieran hablándole a un monstruo o algo así, yo me daba cuenta, pero bueno… no podía hacer más, y finalmente me la retire.

¿Algo más que quieras agregar?

Creo que las personas no llegan a entender que existen personas como nosotras, no conocen sobre esto, y la falta de información hace que no sean concientes de que existen ciertos caracteres y que lo vean como algo “anormal”, y la realidad es que solo son vellos, vellos los tenemos todos en la cabeza, vellos púbicos, vellos axilares, que más da por tenerlos en la barba o en el bigote… ósea, siguen siendo vellos, no tiene nada de raro, solamente que por ahí las personas manejan ciertos tabús por estos temas, les da mucho miedito ver algo que consideran “diferente”, y lo que hacen es discriminar o hacer bullying a una persona con estas características simplemente porque no es similar a las demás personas, pero bueno… yo de cierta forma, más que aceptar la barba, creo que acepte la realidad de como es que las personas ven, como es que uno puede ser discriminada si tiene estas características, así que de cierta manera pude manejar emocionalmente esas situaciones. Básicamente, como decía antes, los vellos en la barba no los he llegado a aceptar, y en realidad, no es que solamente que la sociedad me discrimina por eso, sino que siento incomodad por tenerla, entonces simplemente me los depilo.

Mujeres intersex con barba: Laura Inter

  • Para nuestro proyecto “Mujeres intersex con barba” entrevistamos a Laura Inter, coordinadora de Brújula Intersexual.

 

Laura barba

 ¿A qué edad te comenzó a crecer la barba? ¿Cómo fue para ti?

Tengo una variación intersexual llamada Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC) clásica no perdedora de sal, que significa que mis glándulas suprarrenales no producen el cortisol que deberían, por lo tanto, mi cuerpo suple esa falta de cortisol produciendo más testosterona. Un nivel considerado alto de testosterona puede provocar que la persona llegue a la pubertad a una edad demasiado temprana, es decir, la persona puede crecer demasiado rápido y quedar en una estatura muy baja, y puede comenzar con otros cambios propios de la pubertad cuando aún es muy pequeña, como es el crecimiento de vello corporal. Para bajar el nivel de testosterona me daban un medicamento llamado prednisona, el cual tomé desde muy pequeña hasta la adolescencia, que fue cuando dejé de crecer, y el endocrinólogo me fue quitando el medicamento poco a poco. Al dejarlo, noté que mi salud mejoró, pero comenzó a crecerme más vello corporal, sobre todo en brazos y piernas, y después me comenzó a crecer vello facial – antes prácticamente no tenía -, y se hizo notorio alrededor de los 20 años. Fue una experiencia que en ese entonces vi como sorpresiva y negativa, no entendía lo que me sucedía, en ese momento no tenía tanta información como ahora, además, tenía miedo al rechazo y a que alguien lo notara y comenzara a burlarse o molestarme.

¿Hiciste algo para eliminarla?

Sí, me depilo constantemente con pinzas, diario tengo que quitarla para que no se note. Lo que hace que la piel de mi barbilla en ocasiones se irrite, además de que algunos vellos se “encarnan” y es doloroso quitarlos. Alguna vez pensé en depilación láser, pero conozco a personas que lo hicieron y sufrieron problemas graves de quemaduras o simplemente no les funcionó. Actualmente la sigo quitando, pero no porque a mí me moleste tenerla, sino porque sé que si no me la quito tendría problemas sociales y podría sufrir bullying y burlas.

¿Has sufrido discriminación por tener barba?

La cantidad de barba que me crece, aunque es mucho mayor que la que le llega a crecer a la mayoría de las mujeres típicas, tampoco es demasiada, así que si la quito diario, casi no se nota. Así que no, no he sufrido discriminación por mi barba, aunque sí ha habido personas que la han llegado a notar y que – sin intención de molestar – me han llegado a comentar que me crecen muchas barbitas, antes estos comentarios me generaban mucha ansiedad e inseguridad, pero ahora ya no.

¿Qué te gusta y que no te gusta de tener barba?

Actualmente, no me gusta ni me desagrada, es simplemente una característica de mi cuerpo. En lo personal no me molesta como se me ve, pero la sigo quitando para evitar burlas u otros problemas sociales.

¿Qué te ayudo para aceptar tu barba?

Me ayudó estar en contacto con otras mujeres a las que les crece barba, y ver que es una característica corporal que no tiene porqué ser exclusivamente masculina, y que hay mujeres que también tienen barba y que se les ve genial. No tiene porqué ser algo negativo, incluso conozco mujeres que se han dejado crecer la barba y que han encontrado estrategias para hacer frente a los comentarios y burlas que puedan hacer las personas, e incluso sé de algunas chicas con barba que ahora son modelos y esa característica corporal ahora es parte de su belleza y atractivo.

¿En esta pandemia o en otras situaciones has dejado crecer tu barba?

En esta pandemia comencé a trabajar desde casa, y fue la primera vez en mi vida que me he dejado crecer la barba completamente. Pensé que tenía mucho menos barbas, porque me las quitaba diario y no tenía idea de cuantas me crecían, pero descubrí que tengo bastantes y organizadas de manera muy curiosa. También comencé a rasurarme en lugar de quitarme las barbas con las pinzas, y fue una experiencia extraña, algo que nunca había hecho, por primera vez descansé de la depilación diaria y las pinzas.

¿Alguna anécdota que tengas?

En realidad, prácticamente no tengo anécdotas porque siempre me quité la barba, pero ahora que pude dejarla crecer, sí recibí comentarios de un familiar cercano que me vio con mi barba y me insistió que me la quitara.

En una ocasión, olvidé que tenía mis barbas, los vellitos ya estaban bastante largos y se salían a través del cubrebocas de tela, y una persona se dio cuenta y me vio de manera muy extraña.

Video: MUJERES con BARBA nos explican por qué han decidido dejársela | Som Barbàrie

Las mujeres pueden tener barba, y esta bien. No es una patología. Muchas mujeres intersexuales también tenemos barba, y no hay nada de malo con eso.

Gracias al colectivo activista “Som Barbàrie” por visibilizar esta realidad.

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  • Para nuestro proyecto “Mujeres intersex con barba” entrevistamos a Mar IS, coordinadora de Intersex y Andrógino.

 

¿A qué edad te comenzó a crecer la barba? ¿Cómo fue para ti?

Me empezó a crecer como a los 13 años. Al principio apenas si se me notaba la barba, ya que los vellos eran delgados y largos, luego empezaron a hacerse más gruesos y a salir cada vez más. Al principio no le daba mucha importancia, ya que a una de mis hermanas le crecían unos cuantos vellos, y veía como se los quitaba con pinzas.

¿Has sufrido discriminación por tener barba?

Sí, sobre todo las miradas de extrañeza, de burla, o incluso de miedo. En la escuela sufrí mucho bullying de parte de compañeros cuando notaban que me crecía barba. En todos los trabajos que he tenido es común que me hagan comentarios y preguntas como: “¿Te crece barba?”, “Tienes más barba que yo”, “Pareces hombre”. Las personas son muy repetitivas y siempre preguntan y dicen lo mismo. También recuerdo a una pareja hombre que tuve, que me hacía comentarios como: “parece que estoy besando un hombre”, esta situación ahora me causa gracia, porque después de hacer este tipo de comentarios, seguía besándome.

¿Hiciste algo para eliminarla?

Empecé a quitar los vellos con pinzas y a veces lograba que no se notaran. Algunas veces me rasuraba, porque eran demasiados y no me daba tiempo de quitarlos uno por uno. En alguna ocasión, comencé un tratamiento con pastillas anticonceptivas para tratar de reducir la cantidad de vello, pero no funcionó. Este tratamiento no lo solicité, un médico en una consulta me mando hacer unos estudios hormonales, y luego me envío con una ginecóloga, quien me recetó este tratamiento.

¿Qué te gusta y que no te gusta de tener barba?

Actualmente me gusta cómo se me ve cuando la dejo crecer completa, también la sensación al tocarla. Me alegra que le guste a mi actual pareja. Lo que no me gusta es cuando me crece mucho y empieza a picar y a dar comezón en la piel. Tampoco me gusta tener que quitarla para evitar problemas sociales, son raras las ocasiones en las que la puedo dejar crecer, porque socialmente no está bien visto que una mujer tenga barba, y, por eso, puede resultar peligroso dejarla crecer.

¿Qué te ayudo para aceptar tu barba?

Creo que siempre me gusto, porque recuerdo que me veía al espejo y me gustaba como se me veía, pero las críticas hicieron que comenzara a rechazarla, y quería quitar esa característica de mi cuerpo para evitar el rechazo y el bullying. En un inicio, lo que me ayudó a sobrellevar la situación fue notar que no era la única mujer en la familia a la que le crecía vello facial, después me ayudó encontrar a la comunidad intersexual y en particular a mi actual pareja que también es una persona intersexual, a ella le gusta mi barba, y con el tiempo eso hizo no solo que la aceptara, sino que me gustara.

¿Alguna anécdota que tengas?

Un compañero de trabajo una vez me dijo: “¡tienes barba!” Y yo le dije: “pues sí, ¿qué importa?”. En otra ocasión me dijo: “tienes más vello que yo”, y le contesté: “sí, lo sé, represento mejor la masculinidad que tú”, no esperaba esa respuesta, y solo rio de manera nerviosa, una compañera estaba conmigo, y ambas nos burlamos de su reacción. Desde ese día no me volvió a molestar con eso.

¿En esta pandemia o en otras situaciones has dejado crecer completamente tu barba?

Una vez viajé a Chile con mi pareja a visitar a un amigo, fuimos un par de semanas y aproveché que nadie me conocía para dejar crecer mi barba. Todas las personas simplemente asumían que era un hombre y no tuve problemas.

Con la crisis de COVID-19, comencé a trabajar desde casa desde hace un par de meses, así que he tenido la oportunidad de dejarme crecer completamente la barba y el bigote. Es algo que siempre quise hacer, y me encanta como se me ve. Además, me da una sensación de libertad.

¿Algo más que quieras agregar?

Cuando buscas en internet información de “mujeres con barba”, la mayor parte de la información es patologizante, las mujeres que tienen vello facial/barba son vistas como personas enfermas con “desajustes” o “problemas” hormonales, y la barba siempre se presenta como un problema que “tiene” que ser eliminado. Cuando empecé mi búsqueda, solo encontraba ese tipo de información, así que terminaba pensando que tenía una enfermedad, aunque físicamente me sintiera bien, y terminaba con depresión y angustia. Pero la realidad es que el vello facial y corporal en las mujeres no es una enfermedad, soy una persona bastante sana. Actualmente conozco a muchas otras chicas con barba o vello facial considerado “excesivo”, y ninguna tiene problemas de salud por eso, además de que conocerlas me hace sentir más segura al saber que no estoy sola.

Ser mujer y tener barba, está bien. Ser hombre y tener poca barba – o nada – también está bien. Todas las personas somos diversas, no tenemos que ajustarnos a un estereotipo.

 

Mujeres intersex con barba: Nowaki

  • Para nuestro proyecto “Mujeres intersex con barba” comenzamos entrevistando a Nowaki, integrante de Intersex y Andrógino.

1. ¿A qué edad te comenzó a crecer la barba? ¿Cómo fue para ti?

A los 14 años, fue una sorpresa algo inesperada, porque mi mente me decía que, si era niña, no me debería de crecer.

2. ¿Hiciste algo para eliminarla?

Sí, depilación con pinzas y con cera, que a menudo me provocaban más dolor que satisfacción.

3. ¿Has sufrido discriminación por tener barba?

Sí, en los centros de trabajo comúnmente me piden que me la quite y no me la deje crecer, e incluso, siendo lavatrastes me pedían que me la quitara, lo que siento es algo tonto, porque no tenía contacto directo con los clientes.

4. ¿Qué te gusta y que no te gusta de tener barba?

Me gusta que se me ve genial, también el color que me sale, ya que incluso tengo la barba de diferentes colores. Logro pasar como chico, sí, y lo que no me gusta es que a veces me pica en el cuello y se me pone la piel muy sensible en esa área donde me sale, pero más que nada no me gusta que me pidan que me la quite a cada rato.

5. ¿Qué te ayudo para aceptar tu barba?

Mi pareja y mi amigo “el sabio del agua”.

6. ¿Alguna anécdota que tengas?

Una ocasión, mi pareja me pidió que me la quitara porque estaríamos con su familia, no acepté, pero después entendí la razón, su papá no dejaba de hacer bromas pesadas.

Otra es que un día mi amigo “el sabio del agua”, me vio algo decaída, me llevó a un antro, ahí varios chicos gays me vieron y comenzaron a coquetear conmigo, hasta que se dieron cuenta que no estaba disponible y que era una chica.

También me ha ayudado a que los chicos no se comporten de forma diferente conmigo, en varias ocasiones, al confundirme con un chico, no se han limitado a enseñarme cosas que quiero aprender, como Muay Thai.

7. ¿En esta pandemia o en otras situaciones has dejado crecer tu barba?

En otras situaciones me la he dejado crecer y en esta pandemia también, aunque son comunes los reclamos en mi casa para que me la quite con pinzas y es muy doloroso.

Hubo una ocasión que no tenía trabajo y asistía al gym, me la dejé crecer, nunca se dieron cuenta de que era una chica, y eso hacía que los compañeros no se limitaran en su fuerza o me trataran de menos.

Hubo una época en que me avergonzaba mi barba, pero desde que mi pareja y mis amigos me han apoyado, no he tenido motivos para sentirme menos por tenerla, incluso me causa orgullo tenerla.

* Aquí puedes leer la historia de Nowaki en Brújula Intersexual:

MI HISTORIA INTERSEXUAL: Atrapada en la pubertad

Reflexión del Día de la Madre

La mayoría de las mamás en México son quienes se encargan de múltiples tareas cuidar, educar a sus hijos o hijas, de su salud, del cuidado de la casa, hacer la comida y proveen todo lo que necesitan.

La gran mayoría de las mamás de niños y niñas Intersex son las que buscan ayuda e investigan sobre la variación intersexual de su hija o hijo. Son ellas las que se encargan de llevar a sus hijas o hijos al doctor, de darles el seguimiento a las citas médicas, ellas son las que llevan la responsabilidad de la toma de decisiones con respecto a lo que concierne a la intersexualidad de su hija o hijo.

La etiqueta de mamá lleva muchas responsabilidades, porque les imponemos que sean perfectas cuando no lo son, no lo fueron y no lo serán. Como cualquier ser humano van a cometer errores.

Hay que liberarlas de tantas responsabilidades, demandas y exigencias de perfección. Solo verlas como son, seres humanos imperfectos, pero que hacen lo mejor que pueden con la información y recursos internos y externos con los que cuentan.

Hay que reconocer y ser agradecidas(os) por todo el tiempo, esfuerzo y energía que nos han dedicado.

Nowaki y el comprador: Experiencias Intersex

Experiencia de Nowaki, redactada por Touya Ruren

¿Alguna vez han conocido a una persona que no tuvo una buena primera impresión de ti? Esto me ha pasado muchas veces, pero en esta ocasión sucedió algo muy inesperado, y que ahora mismo les voy a contar.

Primero les comento: Soy una persona que nació con un cuerpo intersexual, me asignaron mujer al nacer, pero desarrollé algunas características consideradas masculinas como más vello corporal y particularmente barba, vivo en el puerto Petrolero del Estado de Michoacán, en realidad es en un pueblo cercano al puerto, donde la información es escasa y a veces mal empleada.

Hace un tiempo, mi familia decidió poner una tienda de abarrotes y me dejó a cargo. Yo era quien se encargaba de surtir la mercancía, atender a los clientes, llevar a domicilio algunos pedidos con la ayuda de una motocicleta Italika negra prestada por mi hermana, y lo más importante: Cuidar que nadie se robara la mercancía. Solía abrir alrededor de las 7 de la mañana y cerrar a las 11 de la noche, justo para atender los pedidos de cerveza que los jornaleros y señores del pueblo llegaban a pedir. La mayoría de mis clientes eran amas de casa, muy abundantes en esta región tropical, niños bastante traviesos, dispuestos a llevarse cualquier golosina que quisieran cuando yo no estuviera cerca para vigilar.

Entonces, un día cualquiera, uno de esos en los que el calor pregonaba en todo el lugar, me encontraba limpiando los productos que había terminado de surtir (en estos lugares se surten a través de los carros repartidores y es necesario que acomodes la mercancía cargándola, en este tipo de trabajos, mi fuerza era de mucha ayuda). A pesar del trabajo, me puse a pasar el rato viendo Facebook, donde me comunico con mis amigos que viven en otros estados de México, además de ser la única red social que uso.

Hubo varios clientes ese día – los niños pidiendo dulces, las mamás apuradas, jóvenes queriendo comprar cerveza y cigarros – pero hubo uno en particular, que fue el causante de mi relato en esta página de Intersex y Andrógino. A este cliente, lo recuerdo muy bien: Tendría entre 20 y 30 años, complexión robusta (no es de extrañarse, vivimos en México y en un pueblo pesquero), no muy alto, quizá de 1.60 metros, tez morena, cabello negro y ojos cafés. Tomó varios productos de los estantes (despensa básica del mexicano), los colocó en el mostrador donde yo me encontraba. Sacó el dinero de su bolsillo y me observaba con intriga, se tomó un momento para darme el dinero, a lo que yo no le di importancia debido a que no era la primera vez que me pasa algo así – muchas personas me observan con intriga -, en ese momento, yo sólo esperaba a que me pagara para darle su cambio, y al momento de hacerlo, mientras acomodaba la mercancía en la bolsa del cliente, él me preguntó con voz entrecortada:

—Oye, ¿puedo hacer una pregunta? — Se rascó la cabeza al decirme esto. Pensé que era algo referente a algún otro producto, o promoción que hubiera, y respondí – Sí, claro.

— ¿Qué eres? — Preguntó firme.

Me mantuve quieta y respondí lo más tranquila posible.

— ¿A qué te refieres?, ¿Acaso soy un bicho raro o un extraterrestre para que me preguntes algo así? — .

— Sí… es que no sé si eres un chico o una chica— dijo mientras ponía una sonrisa nerviosa.

— ¿Importa? Se llevará los productos, no a mí— Respondí algo divertida.

— Es que, con todo respeto, tu voz es de mujer, pero tu apariencia es de un chico—

Sinceramente no quise responder groseramente, él seguía esperando una respuesta y me parecía algo absurdo responder eso a alguien extraño, pero no dudé más tiempo para terminar con aquella extraña conversación.

— Pues según mis documentos, dicen que soy mujer— dije.

— Pero te sale barba… ¿O te inyectas? — el cliente insistió.

“¿En serio?”, pensé, trataba de no reírme, a él también le salía barba y dudo que se ponga algo, o tal vez sí, y estoy cayendo en el error de juzgar a alguien, aunque para ser sinceros, a estas alturas se piensa en muchas cosas, después de todo, esas preguntas fueron muy tontas. Sin embargo, respondí aún sin perder la calma.

— Yo no me pongo nada, es natural— finalmente respondí de manera tranquila.

— ¡Vaya, tienes más que yo!, jajaja— el cliente comenzó a reírse tranquilamente, como si fuera algo alivianado.

— Exacto, y si descubre cómo, cuando quiera yo le paso un poco de la mía— Solté una carcajada, ya que, para mí, eso era una conversación graciosa.

El cliente se rio mientras tomaba sus bolsas con la mercancía, claro, después de pagarme y de darle su cambio exacto.

— Que bueno que te lo tomes así, eh, mis respetos para ti— Fue lo último que dijo antes de marcharse.

Esto me lleva a una reflexión: No debemos caer ante las provocaciones y, desde luego, no ser groseros con las personas a nuestro alrededor, quizás si esto me hubiera pasado antes de entender mi situación como persona intersexual o incluso en otro momento, me hubiera alterado o dado un bajón emocional al sentirme diferente. Pero ahora no, basta de dejarnos victimizar, aun si otras personas nos quieren ver cómo “diferentes”.

El ejemplo anterior con el cliente, es lo que se le llama ser “asertivos”, esto consiste en no ser agresivos ni pasivos, es incluso tomar con humor las críticas que nos hacen, sentirnos orgullosos de nuestras diferencias y nunca tomar algo como personal, a lo mejor, después de nuestra conversación, ese cliente termine tomando hormonas para ponerse más barbón.. o ¡Quizás hasta me pida un trasplante de barba!, eso no lo sabemos, pero lo que sí, es que no hay que caer en lo mismo de juzgar a quien nos juzga, a lo mejor, puede salir un resultado favorable, ¿y por qué no? Ganar un amigo o un aliado.

Esto es todo por este relato, nos estaremos leyendo en otro.

Otros textos de Nowaki:

De religión e intersexualidad (Brújula Intersexual)

MI HISTORIA INTERSEXUAL: Atrapada en la pubertad (Brújula Intersexual)

Un día cualquiera en el trabajo

omficina

Estaba en la oficina donde trabajo, era un día caluroso de verano, y buscando un poco de aire fresco me senté cerca de una puerta que daba al exterior, enseguida se acercó un compañero y se sentó a mi lado. A mi compañero le llamare Paco. Paco es un chico típico, y le gusta hacer bromas de todo tipo, con frecuencia se burla de otros compañeros de trabajo, y también de él mismo. Ese día Paco y yo estábamos hablando de temas triviales, cuando de repente dirigió su mirada a mi barbilla, que, aunque había rasurado hace poco, se podían notar las barbas que comenzaban a salir, y señaló: “¡oh! ¡tienes más barba que yo! Tenía en su cara una expresión de burla y en seguida soltó una risa nerviosa. Muy tranquila respondí: “sí, tengo más que tú…”, y ahí quedó la conversación. De vez en cuando Paco me hacia comentarios de ese tipo, a los que yo siempre respondía con tranquilidad. Otro día me dijo: “Tienes más vello en los brazos que yo”, a lo que respondí: “¡Lo sé, represento mejor la masculinidad que tú!” [o por lo menos, lo que muchos hombres suponen que es la masculinidad] Él pensaba que iba a molestarme o vulnerarme con su comentario sobre mi vello corporal, o esperaba una respuesta diferente, pero al responderle eso, simplemente lo deje sin palabras. Me di cuenta de que él se sentía acomplejado con “su masculinidad”. Incluso, estaba otra chica ahí, escuchó todo esto y finalmente nos reímos los tres, aunque noté que la risa de Paco era una risa bastante nerviosa. Desde entonces, Paco no me ha vuelto a hacer un comentario similar.

Si es la primera vez que entran al blog y leen lo anterior, es posible que no encuentren nada inusual. Sin embargo, todo cambia si les digo que soy una mujer, una mujer intersexual, y sí, una mujer a la que le crece barba y que tiene más vello corporal de lo usual, esto debido a que de manera natural tengo niveles de testosterona considerados más altos que los de una mujer típica. Durante mucho tiempo, sobre todo en la adolescencia, no entendía lo que le pasaba a mi cuerpo, el porqué era diferente al de las otras chicas, y cuando recibía esta clase de comentarios, solo agachaba la cabeza y no decía nada, pero ahora, después de reflexionar sobre esto, de sanar el punto de vista que tenía sobre mi cuerpo, de querer modificarlo, puedo decir que me gusta mi barba, me gusta como soy, incluso me gustaría dejar mi barba crecer. Sin embargo, tengo que quitarme la barba por seguridad, para evitar agresiones tanto verbales como físicas. Espero que llegue el día en que pueda dejar crecer mi barba sin que mi seguridad e integridad física esté en riesgo.

Mi hermana es perfecta y también es intersexual

Por Xory

Mi hermana y yo nacimos en una comunidad pequeña del estado de Jalisco, México, donde las normas sociales eran muy sesgadas hacia la religión, y la diversidad se castiga con discriminación y violencia. Nuestra familia es numerosa, de escasos recursos, y con poca o nula educación sexual. Aquí la religión determina la forma de vivir una vida “normal”. Somos 15 hermanas(os), y mi hermana y yo somos de las 3 más jóvenes. Ella es 5 años mayor que yo. Cuando yo aun jugaba, ella ya empezaba a vivir los estragos de “ser diferente”. Recuerdo claramente que cuando yo tenía la edad de 8 años, una vecina me preguntó: “¿Es cierto que tu hermana es hombre?” Yo no supe que decir, no sabía a qué se refería ni porque me decía esto. Aunque para mí, era claro que en nuestra comunidad hablaban mal de ella por ser diferente. Yo no entendía nada, simplemente me molestaba el hecho de que molestaran a mi hermana.

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El lugar donde crecimos.

El tiempo pasaba y con ello las críticas hacia mi hermana incrementaban, pero ahora no solo eran críticas de personas fuera de nuestra casa. Cuando había desacuerdos con ella, el resto de mi familia le decía cosas como: “no seas hombrada”, “pareces hombre”, “tienes mucho vello en la cara y cuerpo”, y se las decían como insulto, para hacerla sentir mal. Desafortunadamente yo fui uno de los agresores, solo repetía lo que mi familia hacia, e ignoraba la hermosa diversidad que pueden tener los cuerpos.

Fueron años de discriminación y rechazo familiar y comunitario. Un día decidimos irnos del “rancho” y vivir en un pueblo cercano. Ella iniciaba la edad adulta y yo mi adolescencia. Las cosas no mejoraron mucho, los comentarios y discriminación eran latentes todos los días, pero por lo menos ya teníamos más acceso a otro tipo de información, en el pueblo había una biblioteca y computadoras con internet. Otro motivo por el cual nos fuimos del rancho era porque nuestra familia no quería que siguiéramos estudiando, y nosotras queríamos estudiar la preparatoria.

Aunque en el pueblo las condiciones eran más relajadas por ya no vivir en el entorno familiar que era bastante tóxico, la discriminación y acoso hacia mi hermana no cesó. Fui testigo de aquella desesperación que ella experimentaba al ver que su cuerpo no era como el de una mujer considerada “normal”. Su vello corporal aumentaba con los años, le crecía barba, además no se le desarrollaron mucho los pechos… su apariencia considerada “masculina” era evidente a los ojos de los demás, no podía pasar desapercibida, y eso la ponía en una situación de vulnerabilidad hacia una sociedad tan cuadrada, tan limitante.

También fui testigo de verla llorar con tanto dolor por no poder cambiar nada de lo que le sucedía a su cuerpo, ni las críticas que le hacían, ese dolor que la llevo a confesarme que había pensado en quitarse la vida en varias ocasiones. Yo no sabía qué hacer, me quedaba helada al verle, paralizada. Sabía que no me mentía, que de verdad ya le dolía demasiado para seguir viva. Yo tenía miedo de que algún día ya no la encontrara viva, me daba mucha rabia e impotencia el no poder hacer nada, no sabía cómo ayudarle. Me daban ganas de salir con ella y enfrentar a los agresores, pero me daba cuenta qué eran demasiados. Quería darle palabras de aliento, pero sabía que solo eran palabras que de nada ayudarían a su situación actual.

Así pasaron los años. Debido a la depresión aguda y al estrés, enfermaba frecuentemente, comenzó a tener dolor de espalda y corporal por la constante tensión en la que vivía. Buscó ayuda médica, pero los medicamentos solo le quitaban el dolor temporalmente, y su condición de salud cada vez era más crítica.

También comenzó con tratamientos hormonales, pero en vez de “normalizar” el vello corporal y sus características físicas, solo trajeron efectos secundarios con los que le era difícil lidiar.

De verdad que era desesperante ver lo que le costaba vivir día a día. Las depresiones en verdad que eran muy agudas, pero ella jamás se rindió. Ella seguía trabajando y estudiando. Nos cambiamos a otra ciudad para estudiar la universidad, y como era de esperarse, el acoso continuaba, pero ella ya no era la misma. Tantos años de lucha ya la habían hecho más fuerte, ya le empezaban a importar menos las opiniones de los demás. Empezó a hacer cosas que le apasionaban, y poco a poco la depresión empezaba a disminuir.

Ella termino su carrera y se fue a trabajar a otro estado. Aún seguíamos en comunicación, y aunque aún me preocupaba su estabilidad emocional, sabía que ella jamás se rendiría, que encontraría la forma de vivir tranquila a pesar de tanto acoso e ignorancia social. Después de un tiempo, yo me fui del país, ella seguía su vida en México, pero nos comunicábamos seguido. Siempre fuimos muy unidas y constantemente me preocupaba por lo que le sucedía en su vida, pero sabía que estaría bien.

En una ocasión me comentó: “He buscado mucha información sobre mi situación y encontré que soy una persona ‘intersexual’. Conocí a una chica que me ha orientado y explicado todo y tiene mucho sentido”. Después de esas palabras todo cambio. Me comentaba que había encontrado una página llamada “Brújula intersexual” donde había encontrado más información, que en años los doctores jamás le habían podido proporcionar ni explicar con claridad. Y no solo encontró eso, descubrió que no estaba sola, que había muchas chicas y chicos en la misma situación.

Aún recuerdo esa alegría con la que me decía todo lo que estaba aprendiendo de sí misma y de los demás. Empezó a hablar con personas que entendían su propio lenguaje, me decía: “Ya no tengo que explicar nada, ellos saben de lo que hablo. Incluso bromeamos de todos los duros momentos que hemos pasado y le damos otro significado a nuestras experiencias. ¡Es genial!”. De verdad que me alegro en el alma verle tan contenta, tan libre, y no solo con ánimos de vivir, sino que estaba feliz por ser como es, tan única.

Ser hermana de una persona intersexual, para mí hace reafirmar lo doloroso que es vivir en un mundo de etiquetas, en un mundo de blanco y negro, donde ser único es castigado con el rechazo y violación de los derechos que como humanos deberíamos tener todos.

Al igual que ella, yo no conocía el término “intersexual”, y posiblemente aun ignoro muchas cosas de ello, pero lo que siempre he sabido, es que para mí ello no determina mi cariño y admiración por ella. Le dije en muchas ocasiones que lo esencial es invisible a los ojos.

Yo a ella la admiro y quiero muchísimo. He aprendido demasiado de ella. En varias ocasiones le dije que “es mi guerrera favorita”, que si tuviese que citar a una persona a la cual admiro y que estoy feliz de que exista, por supuesto que sería ella.

No me gustan para nada las etiquetas, pero a veces son necesarias para citar una cuestión en específico. Así que, si tienen la fortuna de ser familiares de una persona intersexual, les invito a que no los maten con el rechazo, les invito a que se informen lo más que puedan, que se abran al mundo de la belleza de la diversidad, que convivan con ellos como lo que son: una persona como cualquier otra, tan única, tan diversa, tan hermosa.

Lo peor que puedes hacer es juzgar a alguien por ser lo que no pidió ser. Vivir es un reto que todos enfrentamos, aunque me atrevo decir que para una persona intersexual en estos tiempos tan sexualizados es 2 o 3 veces más difícil.

Si eres hermana, hermano, mamá o papá de una persona intersexual, tienes que saber que no hay nada anormal en ellxs, lo anormal es querer “normalizarlos”. No te pierdas la gran oportunidad de amarlos y aceptarlos tal y como son, eso es lo único que te toca hacer como familia.

¡No juzgues, infórmate!

Segregación en un centro acuático

centro acuatico

Me gusta mucho la natación. Aprendí a nadar cuando cursaba la universidad, al principio fue muy difícil, me tomo tiempo aprender y unos cuantos sustos al hundirme y tragar bocanadas de agua en la alberca, por suerte siempre había instructores que acudían en mi ayuda.

Sin embargo, también viví ciertas situaciones algo incómodas o negativas. Como ya he comentado, me asignaron niña al nacer, nunca he tenido problemas con esa asignación, y tampoco tengo problemas si la gente se refiere a mi como hombre ni si se refiere a mi como mujer, pero socialmente si he vivido algunos conflictos por los prejuicios de otros sobre mí apariencia, ya que mi cuerpo por naturaleza tiene una apariencia andrógina y nací con características sexuales intersexuales, en mí caso, de manera natural, cuento con niveles de testosterona considerados altos para una mujer, por lo tanto, no desarrollé pechos ni cadera, tengo hombros anchos, bastante vello corporal y me crece barba.

Aprendí a nadar con un instructor que sabía nadar muy bien, sin embargo, algunas veces me sentía incomoda, ya que me miraba constantemente y en su mirada percibía algo de curiosidad o morbo, incluso supe que llegó a comentar cosas negativas respecto a mi cuerpo. Aunque siento que esta situación y comentarios no me afectaron ni me importaron mucho, simplemente me enfoque en las instrucciones y en seguirlas adecuadamente.

En varias ocasiones he vivido discriminación al asistir a clases de natación o al ir a nadar. La natación es una de las actividades donde el cuerpo y sus peculiaridades están más expuestas, y, por tanto, las personas como yo somos vulnerables a discriminación y comentarios de personas prejuiciosas. Pero eso no me ha quitado la pasión que siento por la natación. Es un deporte que disfruto mucho y que me ha ayudado mucho, tanto física como mentalmente.

Cuando he pasado por situaciones de discriminación, intento verlas como una oportunidad para practicar la paciencia, y siento que cada vez más desarrollo más resiliencia.

La última vez que pase una situación de discriminación en una alberca, fue muy particular y, al final, salió algo muy positivo de esto. A continuación, les contare como sucedió todo:

Llegando a mi clase de natación, siempre mostraba mi credencial.

 Al llegar a mi clase mostré mi identificación como de costumbre, no estaba la persona de siempre, y quien estaba en su lugar me pidió que le acompañara, dijo que necesitaban hablar conmigo unos minutos, pero inmediatamente presentí que algo andaba mal. La seguí y me llevo con otra persona – de la cual no pregunte su nombre ni cargo.

Esta persona dijo: “Un usuario me ha pasado una queja, dice que un hombre estaba en los baños y regaderas de mujeres. Por las características y los horarios que esta señora nos informó, supimos que se refería a ti. Nosotros ya checamos tu acta de nacimiento y demás documentos, y sabemos que eres mujer. Desgraciadamente estamos en una ciudad pequeña, y las personas son de mentes muy cerradas. Te vamos a asignar regaderas y baños ´unisex´ para cuidar tu integridad”.

Les contesté que me parecía bien. No me enoje. Solo estuve de acuerdo con la “solución”.

Una guardia abrió los baños exclusivamente para mí y espero que saliera de bañarme.

Me segregaron para “comodidad” de las demás personas, ya que, al enviarme a los baños y regaderas unisex, están haciendo invisibles a los cuerpos diversos como el mío. Y no hicieron nada por cambiar la mentalidad de los usuarios que acuden al centro acuático, le dieron la razón a la señora que se quejó, y a mí simplemente me sacaron de su vista, me segregaron.

Pienso que la segregación de las personas con cuerpos que varían del promedio, no es una opción, crea más estigma y discriminación, la solución es que se tomen medidas para informar a la población, medidas para evitar efectivamente la discriminación combatiendo la ignorancia, porque actualmente muchas personas piensan que la segregación es la “mejor” opción para evitar que personas como yo seamos agredidas, tanto verbal como físicamente, pero pienso que segregar a las personas podría provocar aún más discriminación.

Lo que yo hice ante esta situación que viví, fue buscar apoyo en instituciones de gobierno como CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) y en organizaciones como Brújula Intersexual, quienes me apoyaron y se logró organizar un taller sobre discriminación dirigido al personal de la institución deportiva.

Creo que lo mejor es no quedarnos callados, hablar sobre las experiencias que vivimos, denunciar ante los organismos competentes, buscar apoyo en personas, instituciones u organizaciones que nos puedan orientar, e intentar que situaciones así no se repitan con otras personas para que no abandonen las actividades que les gusta hacer. Nadie merece vivir aislado o segregado, contribuyamos para construir un mundo donde haya lugar para todas las personas.