Reflexión del Día de la Madre

La mayoría de las mamás en México son quienes se encargan de múltiples tareas cuidar, educar a sus hijos o hijas, de su salud, del cuidado de la casa, hacer la comida y proveen todo lo que necesitan.

La gran mayoría de las mamás de niños y niñas Intersex son las que buscan ayuda e investigan sobre la variación intersexual de su hija o hijo. Son ellas las que se encargan de llevar a sus hijas o hijos al doctor, de darles el seguimiento a las citas médicas, ellas son las que llevan la responsabilidad de la toma de decisiones con respecto a lo que concierne a la intersexualidad de su hija o hijo.

La etiqueta de mamá lleva muchas responsabilidades, porque les imponemos que sean perfectas cuando no lo son, no lo fueron y no lo serán. Como cualquier ser humano van a cometer errores.

Hay que liberarlas de tantas responsabilidades, demandas y exigencias de perfección. Solo verlas como son, seres humanos imperfectos, pero que hacen lo mejor que pueden con la información y recursos internos y externos con los que cuentan.

Hay que reconocer y ser agradecidas(os) por todo el tiempo, esfuerzo y energía que nos han dedicado.

Un día cualquiera en el trabajo

omficina

Estaba en la oficina donde trabajo, era un día caluroso de verano, y buscando un poco de aire fresco me senté cerca de una puerta que daba al exterior, enseguida se acercó un compañero y se sentó a mi lado. A mi compañero le llamare Paco. Paco es un chico típico, y le gusta hacer bromas de todo tipo, con frecuencia se burla de otros compañeros de trabajo, y también de él mismo. Ese día Paco y yo estábamos hablando de temas triviales, cuando de repente dirigió su mirada a mi barbilla, que, aunque había rasurado hace poco, se podían notar las barbas que comenzaban a salir, y señaló: “¡oh! ¡tienes más barba que yo! Tenía en su cara una expresión de burla y en seguida soltó una risa nerviosa. Muy tranquila respondí: “sí, tengo más que tú…”, y ahí quedó la conversación. De vez en cuando Paco me hacia comentarios de ese tipo, a los que yo siempre respondía con tranquilidad. Otro día me dijo: “Tienes más vello en los brazos que yo”, a lo que respondí: “¡Lo sé, represento mejor la masculinidad que tú!” [o por lo menos, lo que muchos hombres suponen que es la masculinidad] Él pensaba que iba a molestarme o vulnerarme con su comentario sobre mi vello corporal, o esperaba una respuesta diferente, pero al responderle eso, simplemente lo deje sin palabras. Me di cuenta de que él se sentía acomplejado con “su masculinidad”. Incluso, estaba otra chica ahí, escuchó todo esto y finalmente nos reímos los tres, aunque noté que la risa de Paco era una risa bastante nerviosa. Desde entonces, Paco no me ha vuelto a hacer un comentario similar.

Si es la primera vez que entran al blog y leen lo anterior, es posible que no encuentren nada inusual. Sin embargo, todo cambia si les digo que soy una mujer, una mujer intersexual, y sí, una mujer a la que le crece barba y que tiene más vello corporal de lo usual, esto debido a que de manera natural tengo niveles de testosterona considerados más altos que los de una mujer típica. Durante mucho tiempo, sobre todo en la adolescencia, no entendía lo que le pasaba a mi cuerpo, el porqué era diferente al de las otras chicas, y cuando recibía esta clase de comentarios, solo agachaba la cabeza y no decía nada, pero ahora, después de reflexionar sobre esto, de sanar el punto de vista que tenía sobre mi cuerpo, de querer modificarlo, puedo decir que me gusta mi barba, me gusta como soy, incluso me gustaría dejar mi barba crecer. Sin embargo, tengo que quitarme la barba por seguridad, para evitar agresiones tanto verbales como físicas. Espero que llegue el día en que pueda dejar crecer mi barba sin que mi seguridad e integridad física esté en riesgo.

Mi hermana es perfecta y también es intersexual

Por Xory

Mi hermana y yo nacimos en una comunidad pequeña del estado de Jalisco, México, donde las normas sociales eran muy sesgadas hacia la religión, y la diversidad se castiga con discriminación y violencia. Nuestra familia es numerosa, de escasos recursos, y con poca o nula educación sexual. Aquí la religión determina la forma de vivir una vida “normal”. Somos 15 hermanas(os), y mi hermana y yo somos de las 3 más jóvenes. Ella es 5 años mayor que yo. Cuando yo aun jugaba, ella ya empezaba a vivir los estragos de “ser diferente”. Recuerdo claramente que cuando yo tenía la edad de 8 años, una vecina me preguntó: “¿Es cierto que tu hermana es hombre?” Yo no supe que decir, no sabía a qué se refería ni porque me decía esto. Aunque para mí, era claro que en nuestra comunidad hablaban mal de ella por ser diferente. Yo no entendía nada, simplemente me molestaba el hecho de que molestaran a mi hermana.

Hermana inter 2
El lugar donde crecimos.

El tiempo pasaba y con ello las críticas hacia mi hermana incrementaban, pero ahora no solo eran críticas de personas fuera de nuestra casa. Cuando había desacuerdos con ella, el resto de mi familia le decía cosas como: “no seas hombrada”, “pareces hombre”, “tienes mucho vello en la cara y cuerpo”, y se las decían como insulto, para hacerla sentir mal. Desafortunadamente yo fui uno de los agresores, solo repetía lo que mi familia hacia, e ignoraba la hermosa diversidad que pueden tener los cuerpos.

Fueron años de discriminación y rechazo familiar y comunitario. Un día decidimos irnos del “rancho” y vivir en un pueblo cercano. Ella iniciaba la edad adulta y yo mi adolescencia. Las cosas no mejoraron mucho, los comentarios y discriminación eran latentes todos los días, pero por lo menos ya teníamos más acceso a otro tipo de información, en el pueblo había una biblioteca y computadoras con internet. Otro motivo por el cual nos fuimos del rancho era porque nuestra familia no quería que siguiéramos estudiando, y nosotras queríamos estudiar la preparatoria.

Aunque en el pueblo las condiciones eran más relajadas por ya no vivir en el entorno familiar que era bastante tóxico, la discriminación y acoso hacia mi hermana no cesó. Fui testigo de aquella desesperación que ella experimentaba al ver que su cuerpo no era como el de una mujer considerada “normal”. Su vello corporal aumentaba con los años, le crecía barba, además no se le desarrollaron mucho los pechos… su apariencia considerada “masculina” era evidente a los ojos de los demás, no podía pasar desapercibida, y eso la ponía en una situación de vulnerabilidad hacia una sociedad tan cuadrada, tan limitante.

También fui testigo de verla llorar con tanto dolor por no poder cambiar nada de lo que le sucedía a su cuerpo, ni las críticas que le hacían, ese dolor que la llevo a confesarme que había pensado en quitarse la vida en varias ocasiones. Yo no sabía qué hacer, me quedaba helada al verle, paralizada. Sabía que no me mentía, que de verdad ya le dolía demasiado para seguir viva. Yo tenía miedo de que algún día ya no la encontrara viva, me daba mucha rabia e impotencia el no poder hacer nada, no sabía cómo ayudarle. Me daban ganas de salir con ella y enfrentar a los agresores, pero me daba cuenta qué eran demasiados. Quería darle palabras de aliento, pero sabía que solo eran palabras que de nada ayudarían a su situación actual.

Así pasaron los años. Debido a la depresión aguda y al estrés, enfermaba frecuentemente, comenzó a tener dolor de espalda y corporal por la constante tensión en la que vivía. Buscó ayuda médica, pero los medicamentos solo le quitaban el dolor temporalmente, y su condición de salud cada vez era más crítica.

También comenzó con tratamientos hormonales, pero en vez de “normalizar” el vello corporal y sus características físicas, solo trajeron efectos secundarios con los que le era difícil lidiar.

De verdad que era desesperante ver lo que le costaba vivir día a día. Las depresiones en verdad que eran muy agudas, pero ella jamás se rindió. Ella seguía trabajando y estudiando. Nos cambiamos a otra ciudad para estudiar la universidad, y como era de esperarse, el acoso continuaba, pero ella ya no era la misma. Tantos años de lucha ya la habían hecho más fuerte, ya le empezaban a importar menos las opiniones de los demás. Empezó a hacer cosas que le apasionaban, y poco a poco la depresión empezaba a disminuir.

Ella termino su carrera y se fue a trabajar a otro estado. Aún seguíamos en comunicación, y aunque aún me preocupaba su estabilidad emocional, sabía que ella jamás se rendiría, que encontraría la forma de vivir tranquila a pesar de tanto acoso e ignorancia social. Después de un tiempo, yo me fui del país, ella seguía su vida en México, pero nos comunicábamos seguido. Siempre fuimos muy unidas y constantemente me preocupaba por lo que le sucedía en su vida, pero sabía que estaría bien.

En una ocasión me comentó: “He buscado mucha información sobre mi situación y encontré que soy una persona ‘intersexual’. Conocí a una chica que me ha orientado y explicado todo y tiene mucho sentido”. Después de esas palabras todo cambio. Me comentaba que había encontrado una página llamada “Brújula intersexual” donde había encontrado más información, que en años los doctores jamás le habían podido proporcionar ni explicar con claridad. Y no solo encontró eso, descubrió que no estaba sola, que había muchas chicas y chicos en la misma situación.

Aún recuerdo esa alegría con la que me decía todo lo que estaba aprendiendo de sí misma y de los demás. Empezó a hablar con personas que entendían su propio lenguaje, me decía: “Ya no tengo que explicar nada, ellos saben de lo que hablo. Incluso bromeamos de todos los duros momentos que hemos pasado y le damos otro significado a nuestras experiencias. ¡Es genial!”. De verdad que me alegro en el alma verle tan contenta, tan libre, y no solo con ánimos de vivir, sino que estaba feliz por ser como es, tan única.

Ser hermana de una persona intersexual, para mí hace reafirmar lo doloroso que es vivir en un mundo de etiquetas, en un mundo de blanco y negro, donde ser único es castigado con el rechazo y violación de los derechos que como humanos deberíamos tener todos.

Al igual que ella, yo no conocía el término “intersexual”, y posiblemente aun ignoro muchas cosas de ello, pero lo que siempre he sabido, es que para mí ello no determina mi cariño y admiración por ella. Le dije en muchas ocasiones que lo esencial es invisible a los ojos.

Yo a ella la admiro y quiero muchísimo. He aprendido demasiado de ella. En varias ocasiones le dije que “es mi guerrera favorita”, que si tuviese que citar a una persona a la cual admiro y que estoy feliz de que exista, por supuesto que sería ella.

No me gustan para nada las etiquetas, pero a veces son necesarias para citar una cuestión en específico. Así que, si tienen la fortuna de ser familiares de una persona intersexual, les invito a que no los maten con el rechazo, les invito a que se informen lo más que puedan, que se abran al mundo de la belleza de la diversidad, que convivan con ellos como lo que son: una persona como cualquier otra, tan única, tan diversa, tan hermosa.

Lo peor que puedes hacer es juzgar a alguien por ser lo que no pidió ser. Vivir es un reto que todos enfrentamos, aunque me atrevo decir que para una persona intersexual en estos tiempos tan sexualizados es 2 o 3 veces más difícil.

Si eres hermana, hermano, mamá o papá de una persona intersexual, tienes que saber que no hay nada anormal en ellxs, lo anormal es querer “normalizarlos”. No te pierdas la gran oportunidad de amarlos y aceptarlos tal y como son, eso es lo único que te toca hacer como familia.

¡No juzgues, infórmate!

Encuentros y desencuentros: experiencias de pareja cuando eres intersex y andrógino

Orquidea

Cuando nace un bebe intersexual, en particular con diferencias genitales u hormonales, uno de los prejuicios que surge en los doctores y padres es que a ese bebé cuando crezca le será difícil tener una pareja, o peor todavía, tienen la firme creencia de que, cuando crezca, no podrá tener relaciones sexuales, obviamente refiriéndose al coito heterosexual, el cual piensan es la única posibilidad de experimentar la intimidad. Y esta es una de las justificaciones, entre otras, para realizar las “cirugías normalizadoras” y/o terapias hormonales en bebés, niñxs y adolescentes, todo con el objetivo de que ese bebé tenga una apariencia típica y claramente femenina o masculina. Esto ya lo han mencionado muchas personas intersexuales en sus historias e investigadores sobre el tema.

Es cierto que algunas personas pueden ser crueles y abusivas al saber que su pareja cuenta con una variación intersexual. Pero también es cierto que hay personas que se sienten orgullosas y felices de estar con su pareja intersexual.

Carlx Is nació con Hiperplasia Suprarrenal Congénita, nació con diferencias genitales, niveles de testosterona considerados muy altos para una mujer típica, y fue asignadx niña debido a que cuenta con cromosomas XX, afortunadamente no fue intervenido quirúrgicamente, aunque sí hormonalmente en un intento por feminizar su apariencia. Carlx cuenta con una apariencia considerada andrógina, a veces las personas lx leen como hombre, y a veces lx leen como mujer. La identidad de género de Carlx es no binaria, aunque cabe aclarar que las personas intersexuales, al igual que todas las demás personas, pueden identificarse como mujeres, hombres o con algún género no binario. Carlx utiliza pronombres tanto masculinos como femeninos dependiendo de la situación en la que se encuentre, por ejemplo, como en sus documentos oficiales dice que es una mujer, en su trabajo usa pronombres femeninos, pero en su vida cotidiana se refiere a si mismx indistintamente con pronombres tanto masculinos como femeninos.

En esta ocasión Carlx nos cuenta sus experiencias en las relaciones de pareja y cuando tuvo intimidad con alguien por primera vez.

“En la adolescencia tuve algunas parejas, tanto hombres como mujeres. Con los hombres nunca llegué a tener intimidad ya que no puedo tener penetración y me daba miedo que me rechazaran, y con las mujeres nunca se dio la oportunidad y también tenía un poco de miedo al rechazo por ser diferente. Con mis parejas mujeres nunca recibí discriminación ni comentarios negativos debido a mi apariencia andrógina, pero mis parejas hombres constantemente hacían comentarios como: “pareces hombre”, “arréglate más porque mis amigos creen que ando con un hombre”, “deberías maquillarte y dejarte crecer el cabello”, etc.

Tenía alrededor de 30 años cuando conocí a una chica trans por internet, comenzamos a escribirnos por algunos meses, después de un tiempo vino a visitarme, estuvimos conviviendo, nos atraíamos mucho y tuvimos algo de intimidad. Nunca hubo algo serio entre nosotrxs, pero fueron momentos agradables. Al final quedamos como amigos, aún continuamos escribiéndonos, ella vive en otra ciudad.

Tiempo después tuve un trabajo donde conocí algunos chicos y chicas que estoy segurx de que les gustaba, ¿Cómo sabía que les gustaba? Porque me hacían cumplidos y otros directamente me dijeron que les gustaba y me invitaban a salir. Algunos eran chicos gay o mujeres heterosexuales y no parecía importarles que fuera legalmente una chica. Algunos me parecían atractivos, pero no quise involucrarme con nadie del trabajo.

Debido a mi apariencia andrógina les he llegado a gustar a mujeres heterosexuales y a hombres gay que al principio creen que soy un hombre típico, también les he llegado a gustar a mujeres lesbianas y a hombres heterosexuales, que piensan que soy una mujer típica. Mis documentos dicen que soy una chica, así que algunas veces las personas se enojan o asustan cuando se enteran que en realidad no soy un hombre, pareciera como si se sintieran “engañados”.

Tiempo después, conocí a una chica intersexual, también la conocí por internet, (gracias al proyecto Brújula Intersexual) platicamos por un año, nos hicimos amigos, compartimos fotografías y nos gustamos, decidimos que era momento de conocernos y quedamos de vernos en otra ciudad. Nos hospedamos en un hotel, y desde la primera noche tuvimos intimidad, fue una experiencia muy satisfactoria, fue mi primer contacto con otra persona intersexual, me gustaba el hecho de no tener que dar explicaciones sobre mí cuerpo. Por un tiempo seguimos escribiéndonos, pero debido a que vivíamos muy lejos uno del otro, quedamos como amigos.

Después en el trabajo, conocí otras personas que querían salir conmigo, pero yo seguí sin querer involucrarme, en parte por miedo a que con el tiempo otras personas en mi trabajo se enteraran de mi cuerpo intersexual, y eso pudiera hacerme blanco de discriminación y violencia, trabajaba en una empresa muy grande en el área de producción, y frecuentemente recibía críticas debido a mi apariencia masculina, algunas personas me agredían porque pensaban que era lesbiana y otras simplemente me molestaban por mi apariencia.

 A los 32 años conocí a otra chica intersex, nos conocimos en una ciudad turística muy bonita, comenzamos a conocernos como amigos, nos gustamos y después de unos días, nos dijimos lo que sentíamos el uno por el otro. Empezamos a conocernos más, y cuando vino a visitarme le propuse que fuera mi novia, ella acepto. Disfruté mucho los momentos que pasamos juntos, desde tener intimidad con ella, compartir experiencias y más. Estuvimos juntos por 6 meses, y fue una experiencia muy bonita.

En ese entonces le gustaba a un chico en el trabajo, era muy guapo, me lanzaba indirectas y me invitaba a salir. No quise salir con él porque tenía pareja y estaba enamoradx, cuando terminamos mi ex y yo, él me seguía invitando a salir, me gustaba, pero decidí no salir con él porque era hombre y la mayoría de los hombres tienen prejuicios sobre cuerpos como el mío ya que no puedo tener penetración, además era compañero del trabajo y no me gusta salir con personas del trabajo por lo que comenté anteriormente.

Hace unos meses conseguí otro trabajo en una empresa donde hago el aseo, un chico gay que tiene poco tiempo trabajando ahí, comenzó a tener detalles conmigo, me regalaba cosas y me hacía cumplidos constantemente, en un principio él creyó que yo era hombre. Un día, otro compañero me llamó por mi nombre [de mujer], él estaba cerca, y vi la reacción en su cara de sorpresa y confusión. Después de eso, por un tiempo dejó de hablarme y de tener detalles conmigo, pero después de unas semanas al parecer aceptó que era una chica y continúa teniendo detalles conmigo y haciéndome cumplidos. Sin embargo, yo prefiero no involucrarme, y agradezco sus atenciones, y creo que podemos ser buenos amigos. Hay otras chicas que me llaman la atención en el trabajo me hablan mucho, me sonríen y me hacen cumplidos, son el tipo de chicas que me gustan, son muy bonitas, aunque la verdad no sé si todas piensen que soy hombre o mujer.

Hace unos meses fui a un restaurante con mi familia, una de las chicas que estaban en la mesa de enfrente, que me gusto, me miraba y me sonreía y yo le regresaba la sonrisa, disfrute mucho ese momento, no dejaba de voltearme a ver.

Empecé a notar estas cosas cuando fui teniendo más seguridad en mí mismx, cuando comencé a aceptarme y gustarme tal cual soy, creo que la clave es tener seguridad en ti mismo, saber que la felicidad está en uno mismo, y no en una pareja, puedes ser feliz o infeliz con pareja o sin pareja.

Conozco a personas intersex que además tienen una apariencia andrógina, y debido a esto se sienten inseguras, creen que por su apariencia no le gustarán a nadie, pero yo creo que es al contrario, al tener una apariencia andrógina tenemos más posibilidades. Siempre hay nuevas oportunidades, si pasa algo bien y si no también. Puedes gustarle a todo tipo de personas con todo tipo de preferencias, no te cierres a las posibilidades, tal vez en una de esas, el amor llegue a tu puerta, ten seguridad en ti mismo, se autentico y veras que todo cambia. Alégrate por otras personas que ya han tenido pareja o intimidad, tener celos no sirve de nada. Si cambias ese punto de vista, y te alegras por otras personas créeme que te puede pasar a ti, pero hazlo sin esperar nada a cambio, el simple hecho que te de gusto por otro es muy poderoso y que sientas esa alegría en tu interior porque a otra persona le vaya bien es muy enriquecedor, en cambio tener celos o envidia de los demás y lástima por ti mismo, te hace una persona pobre en sentimientos y negativa.”

Espero que la historia y experiencias de Carlx puedan ser de ayuda a otras personas intersex y andróginas, para que sepan que no están solas y que muchas otras personas viven con los mismos miedos e inseguridades, y que estos pueden ser superados.

Cabe mencionar que Carlx tiene el apoyo de su familia, su familia acepta su orientación sexual y su identidad de género no binaria. El apoyo familiar puede ser una gran ventaja, a diferencia de una persona que no cuenta con ningún tipo de apoyo, o que sus padres son homofóbicos o transfóbicos, o personas con mentes muy cerradas.

Carlx también ha desarrollado la habilidad para saber con quién involucrarse sentimentalmente y con quién no. Ya que como mencionaba, algunas personas pueden ser crueles y aprovecharse de la condición de su pareja intersex.

¿Cómo es que la homofobia y transfobia afecta a las personas intersex y andróginas? 

libertad

Aunque nunca me he identificado con ninguna de las siglas del acrónimo LGBT, siento una profunda empatía por las personas que si se identifican con el mismo, entiendo los problemas y discriminación que enfrentan, ya que día a día enfrento esos mismos problemas y discriminación.

Como he comentado en el blog, al nacer fui asignada como niña, pero en la adolescencia mi cuerpo desarrollo características sexuales secundarias consideradas masculinas, tales como vello corporal considerado excesivo para una mujer, barba, hombros anchos, mis caderas no se ensancharon, prácticamente no desarrollé pechos, etc. En otras palabras, tengo un cuerpo intersex [uno con características sexuales congénitas que no parecen encajar en las definiciones típicas de masculino o femenino], y, como podrán darse cuenta, mi apariencia es andrógina.

Pueden percibirme de manera errónea muy fácilmente, todo depende de los prejuicios de las personas. Pero el problema no es como me perciban, el problema real es como actúen esas personas ante sus percepciones y prejuicios. A continuación, compartiré algunos ejemplos de esto.

Cuando era adolescente, fui criticada por mi tono de voz (grave, en ese entonces) y por mi forma de ser y físico que eran considerados “masculinos”, generalmente las críticas venían de mis hermanos(as) y de mí madre.

Aproximadamente a los 18 años, cuando ya mi cuerpo se había desarrollado, tenía mucha barba y vello corporal, me depilaba todo el tiempo, en ese entonces usaba cabello largo, maquillaje y ropa considerada femenina. Las personas me discriminaban porque me percibían como una chica trans. Creo que en muchos sentidos si parecía una mujer trans, lo cual no tiene nada de malo, pero la sociedad es cruel con las personas que no se ajustan a sus ideas de lo que debe ser una mujer. Recibía mucha violencia psicológica, algunas personas me acosaban y molestaban, pero la peor violencia que sufrí fue de parte de algunos novios que tuve en ese entonces, quienes frecuentemente hacían comentarios despectivos sobre mi apariencia.

Debido a estas y otras situaciones, a los 25 años decidí cortar mi cabello, lo corté por impulso hasta dejarlo muy corto, dejé de maquillarme y comencé a usar ropa unisex. Entonces, comencé a recibir otro tipo de discriminación, ya que algunas personas me leían como lesbiana (aunque nunca me he identificado así), y otras personas me percibían como un hombre gay, y me hacían muchos comentarios homofóbicos. También le llegaba a gustar a mujeres y a hombres gay, y estos últimos se sorprendían al enterarse que no era un hombre.

Algunas veces, cuando me dejaba crecer un poco la barba (por descuido o por otro motivo), me llegaron a preguntar: “¿Eres chico trans?” o “¿Porque tienes barba?”, en ese entonces vivía en una ciudad que era un poco más tolerante con la diversidad y mentía diciendo que estaba en tratamiento hormonal, inyectándome testosterona, porque no quería decir que me salía barba de manera natural. Me sentía más segura al decir que yo había decidido tener barba.

Casi todos los doctores que he visitado para atender problemas de salud ajenos a mis características sexuales, han buscado “ayudarme” ofreciendo tratamientos hormonales que no solicito, o canalizándome con sus colegas endocrinólogos quienes, según ellos, me “ayudarán a descubrir” que sucede con mi cuerpo, y me administrarán un tratamiento hormonal, el cual hará que tenga una apariencia más femenina. Siempre he rechazado su “ayuda”. Algunos doctores han sido invasivos e insistentes, y les he dejado claro que no me interesan sus tratamientos. En cambio, hay otros que al parecer tienen la sincera intención de ayudar, simplemente desconocen las variaciones en las características sexuales NO son una patología, y se dejan llevar por lo que aprendieron en la escuela de medicina.

En el transcurso de mi vida he pasado violencia psicológica y algunas veces también violencia física, todo como consecuencia de la percepción errónea sobre mi identidad de género o preferencias sexuales, y por los prejuicios sociales que existen contra toda persona percibida como no-heterosexual o no-cisgénero.
Aunque no pertenezco a la comunidad LGBT, siento empatía por las personas de la de la comunidad, porque sé que las formas de discriminación y violencia son horribles, ya que a mí me ha tocado vivirlo en carne propia.

Algunas veces siento miedos reales y no reales. Me enfrento a las situaciones que se me van presentando de la manera que considero más adecuada, intento nunca ponerme en riesgo y no dañar ni odiar a quienes me agreden. Es una lucha interna que a veces me quita energía y no permite que me enfoque en mis tareas cotidianas, ya sea el trabajo o el estudio.

Sin embargo, gracias a que nací con un cuerpo que no es típico, tuve la oportunidad de conocer a un ser hermoso, hablo de mi novia que también es una persona intersex, y también conocí a otras personas intersex que son admirables, fuertes, valientes, que me inspiran a seguir adelante día a día, algunos de ellxs son mis amigxs. Ellxs son mi verdadera familia.

A partir de que entré en contacto con la comunidad intersex, mi vida cambió por completo. Ahora soy una persona estable emocionalmente, y me siento feliz y satisfecha con mí vida, mi novia me ha ayudado mucho en esto.

Algunas veces se me olvida como era mi vida antes de encontrar a esta hermosa comunidad, se me olvida lo sola que me sentía, y empiezo a sabotearme con pensamientos negativos, pero luego recuerdo el pasado y paro mi dialogo interior, y así, puedo volver a concentrarme en el presente y disfrutar lo que ahora tengo y nunca pensé tener: una verdadera familia.

Una charla con Carlx (persona intersex y andrógina): Experiencias laborales

Hace tiempo que conozco a Carlx – que también es una persona intersex y con apariencia andrógina -, desde que le conocí me identifique mucho, porque hay situaciones que vivimos que son muy parecidas. Por ejemplo en los trabajos, en los baños públicos, y en general en la vida cotidiana. Cuando nos reunimos, nos gusta platicar y compartir consejos que nos ayuden a saber cómo responder a preguntas incomodas que nos hacen las personas, y para saber cómo llevar las situaciones desagradables de la vida cotidiana, y cómo manejar el enojo que puede surgir cuando nos enfrentamos con estas.

La última vez que platicamos, me contó algunas de las experiencias que vivió últimamente en su trabajo.

Experiencia 1:

** Cabe señalar que Carlx fue asignado mujer al nacer y en su vida cotidiana toma el rol de mujer, aunque debido a sus experiencias cotidianas, actualmente no se identifica ni como hombre ni como mujer.

Carlx: Mi supervisor en el trabajo, siempre da por sentado que soy lesbiana, y siempre busca molestarme y “ponerme en evidencia” con sus comentarios. En una ocasión me dijo: “Me habías dicho que tenías novia”. Y yo le respondí: “Yo nunca te he dicho que tengo novia”.

En otra ocasión me preguntó: “Oye, ¿a ti como te gustan las mujeres blancas o morenas?” Yo respondí: “¿Y a ti cómo te gustan los hombres?” El supervisor hizo cara de molestia, preocupación y confusión y dijo: “Eh… ¿Crees que me gustan los hombres?” A lo que le contesté: “No sé”. Mi respuesta le sorprendió, y algo molesto se alejó. Lo bueno es que dejó de molestarme con sus comentarios… al menos por un tiempo.

Yo: Me gustó mucho como le respondiste con una pregunta, me hubiera gustado estar ahí para reírme. 

Experiencia 2:

Carlx: Una vez una señora del trabajo, me dijo: “¿Qué te gustan: los  hombres o mujeres?” No le respondí, entonces me preguntó: “¿Vas a bares  gays?” y le conteste: “¿Y  usted?” Sorprendente me respondió que sí, y me contó de sus experiencias en el bar, y de su vida.

En otra ocasión otra señora que es muy vulgar y siempre está molestando, me preguntó: “¿A ti te gusta el pene? A mí se me hace que no” Y simplemente le respondí: “¿Y a usted?”. La señora se quedó sin saber que decir.

Yo: Te dije que era buena idea siempre responder con una pregunta.

Experiencia 3:

Carlx: Una vez en los baños del trabajo una chica que apenas empezaba a laborar en la empresa me dijo: “¿y tú que eres? Porque por tu tono de voz no puedo distinguir si eres hombre o mujer”. Les respondí: “Soy mujer, pero para que me preguntas si estoy en el baño de mujeres”. Tienes que contestarles  con seguridad en ti mismx. Últimamente, les he respondido con una pregunta cómo me dijiste, y me ha funcionado.

Como conclusión a las experiencias narradas por Carlx, puedo decir que, en muchas ocasiones, las personas comunes se sienten con el derecho de cuestionarte, pero se enfadan cuando tú los cuestionas. Me sorprendente como pueden sentirse frágiles y vulnerables cuando simplemente les devuelves la pregunta, por qué sienten que se ve amenazada su preferencia sexual  o identidad de género, pero no son cocientes del daño que pueden hacer a los demás con sus preguntas fuera de lugar en esta sociedad homofóbica en la que vivimos.

Carlx y yo pensamos, que en casos como estos, cuando existe bullying y acoso laboral, primero es buena opción poner una queja en recursos humanos. Sin embargo, es muy riesgoso porque en México no se cumple con  las normas, y sería muy probable que le despidan o que pudiera poner en riesgo su integridad física por la grave homofobia y discriminación que enfrenta nuestro país.

Agresiones en los baños

bano-intersex

Hoy fui a un baño público y entré al baño de mujeres, delante de mi iban dos “mujeres” (así entre comillas, porque no me consta que lo fueran).

Al entrar una de ellas se me quedó viendo fijamente y dijo con tono retador:

“¡A dónde vas  a Cagar!”

Me imagino que pensaron que era un hombre en el baño de mujeres, o también puede ser que simplemente se sintieran confundidas respecto a mi género, pero eso no les da derecho a decirme nada.

Ya estoy harta de los comentarios que me hacen cada vez que entro al baño de mujeres. Se me hacen ridículas estas situaciones, y lo peor es que son algo cotidiano. A veces simplemente lo dejo pasar, pero otras veces no estoy de humor para aguantar tanta estupidez.

¿Por qué siempre tienen que estar cuestionando? yo nunca me meto con nadie.

Esta clase de comentarios me parecen agresiones, y sí yo respondiera con la misma actitud, cuestionando su género, seguramente me responderían aun con más agresión. Muchas personas  creen que tienen el derecho de cuestionar el género de los demás. Y dan por hecho que no te vas a defender, si no, por el contrario, no lo harían.

Cisgénero, ¿Quién te da derecho a cuestionarme?

ya

Estando en mi trabajo, en el área  de recepción de un hotel, un automóvil estaba obstruyendo la entrada al estacionamiento. Eran dos personas adultas en el auto. Les dije  muy amablemente que no se podían  estacionar en la entrada. El señor que conducía el auto me dijo que él iba estar ahí, y que se movería de ser necesario.  Así que accedí a que se quedara estacionado.

Después de un rato, me asomé para ver  si seguían ahí. Entonces el señor me llamó  haciendo una  señal con la mano para que acercara, al acercarme, empezó  a hacerme  preguntas:

Señor: ¿Cómo te llamas?

Yo: Mariana.

Señor: Yo soy Francisco.

Yo: Mucho gusto.

Señor: Que raro tu nombre.

Yo: De hecho mi nombre es muy común.

Señor: Sí, es un nombre común. Pero porqué no te pusieron Guadalupe, Patricio, Mario, etc. [En México el nombre de Guadalupe se utiliza tanto para hombres como para mujeres.

A lo que no supe como contestar, y simplemente cambie la plática, además esa respuesta no la esperaba.

Obviamente el señor daba por hecho que yo era hombre, y por eso cuestionaba mi nombre de mujer.

Me sentí incomoda pero no demostré inseguridad, como lo hacía antes en este tipo de situaciones, en las cuales sentía vergüenza, ansiedad y miedo, y no era algo que pudiera que ocultar.

Esta clase de experiencias hacen que me pregunte ¿Porqué las personas se toman el derecho de cuestionar mi género?  Si yo le hubiera cuestionado su género, y le hubiera preguntado: ¿Porqué no se llama usted María o Francisca?, Seguramente se hubiera ofendido y posiblemente su agresión hubiera sido mayor, porque al cuestionarme ya me estaba agrediendo.